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Hacia la era de los bioproductos
ROBERTO SALOMÓN
El uso de biofertilizantes y bioplaguicidas constituye hoy en el mundo y en Cuba, una creciente alternativa para encarar las dificultades que afronta la producción agrícola, como los elevados precios de los productos químicos.
Aunque los efectos de estos últimos en el incremento de las cosechas es más rápido y visible, tienen entre numerosos aspectos negativos, que presuponen mayor consumo energético, y lo que es peor, el deterioro de los suelos, la micro-fauna beneficiosa y de fuentes naturales de nutrientes.
No pocos expertos coinciden en que esos medios de origen químico son potentes contaminantes del ambiente y su uso indiscriminado representa además el consumo por el ser humano de una alta dosis de agro-tóxicos, a la cual se asocian consecuencias nefastas para la salud.
Puede añadirse entre los perjuicios que provocan: desarrollo de insectos resistentes a los plaguicidas y accidentes laborales por intoxicación.
De acuerdo con algunas estadísticas internacionales, un cinco por ciento de los productos para la agricultura comercializados son de origen biológico, lo cual se debe a sus altas cotizaciones, insuficiente divulgación y promoción y, en particular, a su limitado desarrollo industrial.
Algunas publicaciones especializadas consignan que anualmente se invierte en plaguicidas químicos un monto cercano a los 30 mil millones de dólares, sobre todo las compañías líderes del agro-negocio, que ponen en primer plano la rentabilidad a despecho del factor salud.
Sin embargo, esta realidad está hoy cambiando pues aumenta la actividad de grupos ecologistas que defienden la reducción o no empleo de esos medios, no obstante su efectividad rápida en controlar plagas y fertilizar los suelos.
ALGUNOS DATOS ILUSTRATIVOS
Según publicaciones internacionales ya se emplean globalmente no menos de 380 millones de dólares en bioproductos, y esta cifra está aumentando de manera notable, dadas sus ventajas para la agricultura y los ecosistemas.
En estos momentos su utilización en todo el orbe crece a un ritmo del 15 por ciento anual, al considerarse cada vez más como alternativa viable de reemplazo de los productos químicos.
Se estima que para el 2020 se dedique a la producción de esos medios ecológicos unos 18 mil millones de dólares, un número que según expertos será mayor que el destinado entonces a la fabricación de los agroquímicos.
De hecho, las compañías que aportan estos últimos están orientando cifras ascendentes a la producción de aquellos, pues saben que su uso será la tendencia predominante.
No es fortuito que organizaciones e instituciones internacionales hagan cada vez más énfasis en la necesidad de producir alimentos sanos para una población en constante crecimiento, lo cual se traduce en un llamado a acudir más a los medios alternativos frente al abusivo empleo de plaguicidas y fertilizantes químicos.
AUGE EN CUBA DE LOS BIOPRODUCTOS
La producción de bioproductos en Cuba, hoy una industria que crece y se multiplica, tiene como antecedente más cercano el surgimiento de la crisis económica que ocurrida tras la desaparición del socialismo en Europa del Este y de la antigua Unión Soviética, los principales socios entonces de esta isla, a la que suministraban, en condiciones ventajosas pata esta, los productos necesarios para su agricultura
Esta se basaba en la disponibilidad de ingentes insumos de fertilizantes y plaguicidas químicos y otros medios requeridos para su producción agrícola, la cual, al verse de la noche a la mañana sin esas posibilidades, tuvo que acudir a abonos tradicionales y al control biológico de las plagas, y en esa dirección puso buena parte de la actividad investigativa de las instituciones existentes.
Comenzó así el empleo de métodos tradicionales -incluida la tracción animal- y el desarrollo de la producción urbana de alimentos mediante organopónicos y otras instalaciones.
En entrevista exclusiva con Prensa Latina, el director del grupo empresarial Labiofam, José Antonio Fraga, fundamentó la importancia del uso de los bioproductos:
Dados los efectos dañinos sobre los terrenos y la salud humana del uso excesivo de plaguicidas y fertilizantes químicos, el mundo tiene la obligación -y Cuba es un ejemplo de lo que se puede hacer- de ir sustituyendo esos productos por los de tipo biológico, compatibles con el medio ambiente.
En la actualidad -precisó- se ejecuta en el país un programa prioritario apoyado por la dirección del Gobierno y controlado por los ministerios de Economía y Planificación y Agricultura, destinado a la producción masiva de bioproductos.
Aledaña a la sede de esa entidad empresarial, en la capital, está en fase bastante avanzada la construcción de una planta con capacidad para aportar anualmente seis millones de litros de bioproductos.
Fraga también informa que ya se iniciaron las labores para la edificación, en la central provincia de Villa Clara, de otra instalación similar, mientras que se prevé que en enero próximo comience el montaje de una tercera en Granma, a unos 800 kilómetros al Este de La Habana. .
Entretanto, se adaptan instalaciones en estado ocioso en distintos puntos del país para activar aún más la producción de bioproductos y potenciar la capacidad de los Centros Reproductores de Entomófagos y Entomopatógenos existentes en el sector agrícola.
Labiofam centra la producción de bioproductos, una actividad integradora conjuntamente con los aportes de los centros de investigación pertenecientes a la rama y al Grupo Azucarero Azcuba.
Cabe destacar que la entidad tiene a punto de concluir la ejecución de una planta en Tanzania con un doble propósito: contribuir al desarrollo agrícola con la producción en ella de bioproductos y a la erradicación de enfermedades como la malaria a partir de los medios biolarvicidas que también fabricará la instalación.
AMPLIA GAMA DE BIOPRODUCTOS
La empresa dispone de un amplio abanico de producciones en beneficio de la mayoría de los cultivos de la agricultura, desde granos y hortalizas, hasta frutales.
Entre esas ofertas figuran plaguicidas, nematicidas, productos contra ácaros, fungicidas, fertilizantes, bioestimulantes, reguladores y otros, no pocos de los cuales han alcanzado notoriedad.
Labiofam, una empresa socialista exitosa, nació en la década de los años 60 de la anterior centuria, ante el desabastecimiento de vacunas y medicamentos y a fin de lograr el necesario desarrollo de la ganadería.
En la actualidad garantiza casi todos los medicamentos veterinarios requeridos por la nación y tiene plantas biotecnológicas en China, Vietnam, Argentina y otros países para la producción y comercialización de productos biotecnológicos y 82 proyectos de investigación.
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Ciencia
La investigación médica privada fomenta el fraude científico
LLEWLLYN HINKES-JONES
La política de investigación académica de mercado libre ha favorecido la proliferación de la charlatanería médica y del fraude científico, obligando a los consumidores a pagar por descubrimientos que ya han financiado como contribuyentes.
El enfoque de la investigación médica que mantiene el sistema sanitario de EE UU, que persigue fines lucrativos, se fundamenta en la cruda verdad de que solamente el dinero puede prolongar la vida. Citemos por ejemplo el tipo de genes llamados “supresores tumorales”. Dada su capacidad de regular el crecimiento celular, los supresores tumorales se sitúan en la primera línea de la investigación para la prevención del cáncer. Un resultado positivo en la prueba de mutación de un gen supresor tumoral como BRCA1 o BRCA2 es una clara indicación del riesgo de padecer cáncer de mama o de ovario. Sin embargo, a pesar de la importancia del descubrimiento por su potencial para salvar vidas, el coste de las pruebas BRCA1 y BRCA2 resulta prohibitivo. Con 4.000 dólares por prueba, es cuatro veces más cara que una secuenciación genética completa. El hecho de que el precio de una evaluación que puede prevenir una enfermedad mortal sea tan desorbitado se debe única y exclusivamente a la voluntad de una empresa, Myriad Genetics. Aunque el Tribunal Supremo de EE UU acaba de denegar la pretensión de Myriad de patentar los genes BRCA1 y BRCA2, declarando que los genes humanos no son patentables, Myriad sigue ejerciendo su monopolio sobre la prueba de susceptibilidad al cáncer de mama.
Lo peor de esta política de precios de Myriad es que gran parte de los costes de desarrollo de las pruebas BRCA1 y BRCA2 ya han sido sufragados por el público. La investigación encaminada a identificar esos genes como desencadenantes de procesos cancerosos se financió con dinero público a través de la facultad de medicina de la Universidad de Utah. Myriad Genetics no es otra cosa que una empresa creada por científicos de la universidad con miras a apropiarse de la patente tras el descubrimiento de la prueba. Esto es posible al amparo de la ley Bayh-Dole. En 1980, cuando fue promulgada, esta ley pretendía impulsar la innovación en la investigación académica. Dando vía libre a las universidades a la explotación de sus descubrimientos científicos, el sistema universitario podría recaudar más dinero para financiarse. Para remunerar su trabajo, los centros académicos de investigación científica podían a partir de entonces vender sus patentes o conceder licencias exclusivas a la industria privada. Con el monopolio sobre la propiedad intelectual que le otorgaba la patente, el sector privado se vería incentivado para desarrollar rápidamente esas patentes y crear productos de consumo y servicios.
Los defensores de la ley Bayh-Dole sostuvieron que la perspectiva de ganar más dinero llevaría a la investigación científica en las universidades a realizar más descubrimientos y estimularía al sector privado a comercializar en mayor medida esos descubrimientos. No mucho tiempo después de su promulgación ya empezaron a notarse los efectos económicos: investigadores de la Universidad de Columbia solicitaron patentes relativas al proceso de cotransformación del ADN, las llamadas patentes Axel, que supondrían finalmente el ingreso de cientos de millones para la Universidad en concepto de cánones de licencia. La patente Cohen-Boyer sobre el ADN recombinante generaría unas ganancias de más de doscientos millones para la Universidad de Stanford. Junto con la sentencia del Tribunal Supremo de 1980 en el caso Diamond contra Chakrabarty, que autorizó las patentes sobre material biomédico, este fue el comienzo del boom de la biotecnología. Las universidades se apresuraron a instalar laboratorios de investigación avanzados con vistas a obtener nuevos derechos de propiedad intelectual sobre programas informáticos de secuenciación del ADN que pudieran patentarse y venderse al público.
Antes, los descubrimientos científicos realizados por las universidades públicas solo podían cederse al sector privado mediante licencias no exclusivas. Cualquier empresa privada podía desarrollar nuevos medicamentos y nuevas invenciones sobre la base de los resultados de investigaciones pioneras. Los defensores de la ley Bayh-Dole alegaron que este sistema desincentivaba la innovación, pues si una empresa no tenía la exclusiva sobre una invención, poco negocio iba a hacer desarrollándola. ¿Por qué molestarse en innovar si la competencia podía hacer lo mismo, en detrimento del margen de beneficio potencial? Las invenciones acabarían en la papelera. Sin embargo, lo que parece una simple minucia legal en materia de propiedad intelectual constituye un factor determinante del declive del sistema de investigación científica de las universidades. La no exclusividad de las licencias públicas protegía de hecho a la investigación académica de caer en una “fiebre del oro” en busca de patentes. Al suprimir esta restricción, ha abierto las compuertas a una avalancha de capitales privados deseosos de hacerse con el monopolio sobre la investigación científica más avanzada.
Ahora, entidades privadas ayudan a financiar los centros académicos a cambio de la prioridad en el proceso de “transferencia tecnológica”, es decir, de la cesión en exclusiva de los resultados de la investigación financiada con dinero público a empresas privadas. Los grandes conglomerados farmacéuticos, como Merck y GlaxoSmithKline, financian colaboraciones con universidades privadas y públicas en torno a proyectos de investigación sobre enfermedades actualmente incurables, con la condición expresa de que esas compañías puedan explotar cualquier descubrimiento futuro al amparo de una licencia exclusiva. Dichos descubrimientos, tengan que ver o no con la finalidad original del proyecto, se convierten entonces en productos farmacéuticos de marca que se venden a precios desorbitados.
Las patentes no solo incrementan los precios que han de pagar los consumidores, sino que también lastran la actividad científica por el mayor coste de la propiedad intelectual que se precisa para seguir investigando. Los centros de investigación han de pagar miles de dólares por las cepas y procesos que precisan para ponerse al día de los nuevos descubrimientos, lo que genera un sobrecoste de la investigación avanzada. El afán de lucro que ha invadido el sistema de investigación científica actual ha hecho que este ya casi no tenga nada que ver con el que rodeaba a Jonas Salk cuando descubrió el remedio para la poliomielitis. En efecto, su descubrimiento, que afectó a millones de personas que sufrían esta enfermedad incapacitante, fue cedido gratuitamente. Mientras Salk se preguntaba retóricamente si era aceptable “patentar el sol” para sacar hacer negocio, la carrera actual por patentar descubrimientos se acerca rápidamente a esa proposición absurda.
Aunque la inversión en la enseñanza pública y el impulso del desarrollo de nuevas tecnologías han de estar al servicio del bien público, la influencia del capital privado tiene un efecto en gran medida corruptor. Combinada con el fuerte declive de la financiación estatal de la enseñanza, la ley Bayh-Dole ha contribuido a privatizar el sistema universitario público. Al escasear los fondos públicos, las universidades han pasado a depender cada vez más de la inversión privada a base de subvenciones y donativos. Y ese dinero produce efectos corrosivos en las academias. En ningún otro sector este conflicto de intereses es tan evidente como en el farmacéutico y el biotecnológico. Ocurre a menudo que profesores de esas especialidades reciben dinero por firmar artículos de prensa escritos por empleados de empresas privadas, por promocionar medicamentos y por desarrollar fármacos más en función de su potencial de mercado que del bien público. A cambio de su colaboración ganan enormes honorarios de asesoramiento y gozan de lucrativos contratos para hablar en conferencias financiadas por la industria.
En el caso de la empresa Pfizer, su producto Neurontin contra las convulsiones, diversos académicos recibieron 1.000 dólares por suscribir artículos de prensa escritos por empleados desconocidos y por hablar en conferencias en que se ensalzaron las virtudes de un producto –que estaba destinado inicialmente a los epilépticos– en el tratamiento de afecciones tan diversas como el trastorno bipolar, el estrés postraumático, el insomnio, el síndrome de las piernas inquietas, sofocos, migrañas y cefaleas tensionales. Los consumidores no solo no reciben información correcta sobre la seguridad y la eficacia de los medicamentos que les recetan, sino que pagan tres veces por ellos: la financiación pública de la investigación académica encaminada a descubrir esos medicamentos, el sobrecoste de los fármacos patentados y la desgravación fiscal que practican las compañías farmacéuticas por su patrocinio de las universidades.
Pese a la escasez de la financiación pública y a su mayor dependencia de la financiación privada, las universidades no han dejado de invertir regularmente en nuevas instalaciones. Un estudio de McGraw-Hill sobre el sector de la construcción revela que entre 2010 y 2012 las instituciones de enseñanza superior se gastaron más de 11.000 millones de dólares en nuevas instalaciones. Al emitir gran cantidad de obligaciones para financiar nuevos laboratorios de investigación biomédica y modernos gimnasios, las facultades esperan atraer a estudiantes y científicos de renombre, además de patrocinadores que les ayuden a pagar todo esto. Sin embargo, estas facultades se han endeudado hasta las cejas, de manera que ahora se hallan inmersas en el círculo vicioso de una carrera competitiva por las subvenciones. Invierten masivamente en investigación para atraer subvenciones y ofrecen los derechos de propiedad intelectual al mejor postor para poder sufragar los inmensos costes administrativos y las enormes deudas que han contraído.
La carga de esta carrera por el dinero y la fama recae en los estudiantes. En los últimos treinta años, el coste de las tutorías se ha multiplicado por seis. Hay cada vez menos ofertas de posgrado, incluso en ese mundo de la investigación académica en que se gasta tanto dinero. El flujo de dinero privado que inunda el sistema de investigación científica no ha contribuido a ampliar la gama de carreras académicas. En vez de emplear a más científicos de plantilla, las universidades contratan a estudiantes de posdoctorado y los dedican a investigaciones llamativas con el fin de atraer subvenciones. Estos estudiantes se gradúan entonces en especialidades científicas ocupadas por posdoctorados que compiten entre sí por un número cada vez menor de puestos de investigación disponibles. El resultado es un mercado de trabajo muy reñido en que hay demasiadas personas luchando por ocupar cada vez menos puestos. En todo el ámbito universitario, la presión por reducir costes conlleva la sustitución de los puestos fijos por la contratación de adjuntos peor pagados y carentes de toda seguridad de empleo, mientras que los salarios de los administradores y los rectores aumentan sin cesar.
En lo que Paula Stephan, profesora de economía de la Universidad Estatal de Georgia, ha calificado de modelo académico piramidal, la discrepancia resultante entre los posdoctorados y adjuntos mal pagados y carentes prácticamente de toda perspectiva de promoción profesional por un lado, y el número cada vez menor de puestos de investigación fijos y bien pagados, ocupados por científicos famosos, por otro, se asemeja a una especie de torneo en torno a la investigación científica. Impera un clima enrarecido de todos contra todos que cobra su peaje a la ciencia que se lleva a cabo. Hace falta publicar cada vez más estudios deslumbrantes de científicos famosos en prestigiosas revistas para llamar la atención y atraer las subvenciones que se precisan para mantener las apariencias y las luces encendidas en el laboratorio. En palabras de Stephan, “más se confunde con mejor: más financiación, más artículos, más citaciones y más becarios, al margen de si el mercado puede sostener su empleo”.
El resultado final es la necesidad no solo de publicar a toda costa, sino de publicar en revistas de prestigio nuevos cambios sustanciales y espectaculares de nuestra comprensión del mundo que nos rodea y que exigen seguir investigando… a toda costa. En palabras de Stephen Quake, profesor de bioingeniería de la Universidad de Stanford, se trata de “financiación o hambruna”“el coste de equivocarse es nulo; el coste es que no se publique”. En un metaanálisis de estudios publicados, realizado para la Public Library of Science (PLOS, Biblioteca Pública de Ciencias), John P.A. Ioannidis criticó específicamente la financiación privada de la investigación, señalando que “cuanto más fuertes sean los intereses financieros y de otro tipo y los prejuicios en un campo científico, tanto menos probabilidades hay de que los resultados de la investigación sean ciertos”.
Los resultados saltan a la vista. El gran número de retractaciones debidas a una metodología incorrecta, a un enfoque inadecuado o a una mala gestión de los estudios a lo largo de la última década es pasmoso. En casi todos los campos científicos se ha producido una verdadera epidemia de imprecisiones. El porcentaje de artículos científicos que han sido objeto de retractación por fraude se ha multiplicado por diez desde 1975. Tan solo una fracción de estudios de cardiopatía y cáncer han resistido el examen porque la mayoría de los resultados no pudieron reproducirse. La teoría de los radicales libres en el envejecimiento, que en tiempos se consideraba ilustrativa del efecto de las enzimas antioxidantes en la vida de las células, ha sido desechada junto con las directrices del ministerio de Agricultura de EE UU para la medición del contenido de antioxidantes en los alimentos. Esto ha puesto a su vez en entredicho a toda la industria de suplementos vitamínicos, que en gran parte se nutre de la creciente necesidad de antioxidantes. Los efectos positivos de los ácidos grasos omega-3 en toda clase de procesos, desde la prevención del cáncer hasta el desarrollo cerebral, están en tela de juicio después de que estudios posteriores no hayan mostrado ningún efectivo significativo. Las ventajas de las mamografías regulares ya no están claras por el hecho de que los resultados de un estudio nacional canadiense no ha mostrado ningún descenso de la tasa de mortandad por cáncer de mama en relación con dicha práctica, y las pruebas regulares dan lugar a veces a diagnósticos exagerados.
Aunque sin duda existe un núcleo de actividad científica respetable y reproducible, está rodeado de una nube de imprecisiones y argucias. Medios de comunicación hambrientos de contenido se tragan descubrimientos entusiastas sobre posibles remedios contra el cáncer y no pueden o no quieren destapar las deficiencias metodológicas y los errores estadísticos que han conducido a los resultados en cuestión. Confunden todavía más al público en relación con temas controvertidos como el de los organismos genéticamente modificados o los disruptores endocrinos, publicando estudios inexactos en apoyo de cada uno de los bandos enfrentados. Estas historias dan lugar seguidamente a dietas de moda pasajeras y supuestas amenazas para la salud como las que relacionan el autismo con las vacunas de los neonatos.
Los resultados que se obtienen con rapidez y se publican a toda prisa tienen más probabilidades de ser inexactos. La ciencia bien hecha lleva su tiempo y la refutación de la ciencia tramposa puede requerir incluso más tiempo. Mientras que se tardó más de nueve meses para desechar una prueba genética reciente de autismo, el estudio original no tardó más de tres días en pasar a la presentación a la imprenta. Muchas de las personas que habrán leído en su tiempo la fabulosa noticia del descubrimiento inicial no se enterarán de su decepcionante refutación. Cuando se publica un artículo que anuncia a bombo y platillo el descubrimiento de una prueba genética relativa a la longevidad, de inmediato inspira a toda una cohorte de pequeñas empresas que ofrecen exámenes de longevidad. Cuando se refuta el artículo −no por fraude o falta de ética, sino por el error de enfoque−, esas pruebas genéticas no dejan de practicarse de la noche a la mañana, sino que se mantienen en una economía de mercado gris que saca tajada de la falta de conocimientos por parte del público en materia de investigación científica actual.
La privatización de la investigación académica no solo obstaculiza el proceso científico, sino que también hace que la corrupción directa –cuando el sector privado paga a científicos para que engañen al público sobre las toxinas en sus alimentos o la contaminación atmosférica– tiene más posibilidades de seguir a sus anchas. Unos investigadores que buscan desesperadamente financiación para conservar sus puestos y proseguir con su labor son más propensos a aceptar financiación de empresas capaces de distorsionar la ciencia en su propio beneficio. No hace más que favorecer los incentivos perversos del mercado libre para sacar provecho de lo que antaño eran instituciones públicas. Cuando una empresa puede disimular los riesgos para la salud de los productos ignífugos cancerígenos porque le interesa que se extienda su uso y así poder hacer negocio, entonces la ciencia deja de obrar a favor del interés público. Al final, la investigación académica basada en el mercado deja de ser ciencia y se convierte en un instrumento para llamar la atención y atraer dinero bajo la apariencia del rigor científico.
En todo caso, el enfoque neoliberal de la investigación académica es un retorno a los orígenes del sistema universitario, financiado por el sector privado y carente de personal fijo, cuando numerosas facultades no eran más que laboratorios de investigación e instrumentos de promoción de empresas privadas en vez de centros de conocimientos que impulsaban la ciencia en interés del público. En aquel entonces, los profesores seguían las órdenes de los donantes y patronos de las facultades. Estos últimos podían despedirlos fácilmente si manifestaban críticas o publicaban estudios que afectaran a los intereses económicos de la facultad o de sus donantes. La defensa de derechos laborales o de políticas socialistas, el apoyo a la teoría de la evolución o a la lucha contra la esclavitud, o la información pública sobre las consecuencias tóxicas de los humos de fusión del cobre podían provocar el despido inmediato. Thorstein Veblen incluso ha reconocido la existencia de una lista negra secretas entre universidades.
En efecto, la lista negra académica se conoce tan bien y la temerosa lealtad del común de los académicos es tan sensible y fiable que muy pocos de ellos se atreverán a salir en defensa de cualquiera de sus colegas que hayan caído en desgracia de alguien de la junta directiva. Cuando el empleo era fijo y la actividad recibía financiación pública, los investigadores podían expresarse libremente y centrarse en temas que no tenían nada que ver con propuestas apresuradas y destinadas a aumentar el consumo y los ingresos privados. Era posible desarrollar avances científicos a pesar de no tener ningún potencial de beneficio económico y sin la necesidad permanente de publicar a toda costa. En la época de posguerra, la inversión gubernamental en las universidades y en la investigación permitieron a muchos científicos dar los pasos innovadores decisivos que hoy nos parecen de sentido común. Lo que tantos han atribuido a los avances de la revolución digital, desde Internet y el GPS hasta la secuenciación del ADN descrita en las patentes Axel, fueron en su tiempo proyectos de gran escala, financiados por el tesoro público y desarrollados en los campus universitarios, décadas antes de que la ley de Bayh-Dole fuera concebida. Pese a las alegaciones de los defensores de la ley Bayh-Dole, esas invenciones no se pudrieron en las estanterías.
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Ciencia
La velocidad de la luz puede ser más lenta de lo que se creía
Un nuevo estudio afirma haber encontrado evidencia de que la velocidad de la luz, tal y como la estipuló Einstein en su teoría de la relatividad general, es realmente menor de lo pensado.
El artículo, escrito por el físico James Franson de la Universidad de Maryland, ha copado la atención de la comunidad de la física al poner en duda la exactitud de la reconocida teoría de la relatividad general.
Dicha teoría sugiere que la luz viaja a una velocidad constante de 299.792.458 metros por segundo en el vacío, un valor que es de uso universal en la mayoría de mediciones relacionadas con el cosmos.
Franson afirma que llegó a esa conjetura basándose en las observaciones realizadas a la supernova SN 1987A, que estalló en febrero de 1987. El colapso de la estrella provocó un estallido de neutrinos, una partícula subatómica elemental eléctricamente neutra y con una interacción débil, según publica Phys.org.
Según las cifras de Einstein, esto debería haber ocurrido alrededor de tres horas antes de percibir el estallido de luz óptica y desde ese momento en adelante, los pulsos deberían haber ido parejos, ya que viajaban a la velocidad de la luz. Sin embargo, la luz óptica llegó aproximadamente 7,7 horas después que los neutrinos, es decir, con 4,7 horas de retraso.
El físico de la Universidad de Maryland cree que el retraso podría haber sido porque la luz se hacía de hecho más lenta a medida que viajaba por algo conocido como la polarización del vacío. Durante este fenómeno, los fotones se descomponen en algo conocido como positrones y electrones por una fracción de segundo, antes de combinarse de nuevo, lo que podría afectar la energía de las partículas, causando la variación de velocidad.
Franson argumenta que el proceso podría tener un impacto gradual en la velocidad del fotón, lo que significa que durante los 168.000 años de luz, la distancia entre la Tierra y SN 1987A, los fotones pudieron haber sufrido ese retraso de casi cinco horas.
Si el físico llega a tener razón, significaría que los científicos tendrían que volver a calcular todo, desde la distancia al Sol, hasta la de algunos de los objetos más distantes observados en otras galaxias.
El estudio del doctor Franson fue presentado en el New Journal of Physics y actualmente está sometido a revisión por sus colegas.
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Hallan un planeta cercano muy parecido a la Tierra y con condiciones climáticas similares
Los astrónomos han descubierto un planeta que podría ser capaz de tener las condiciones aptas para la vida. Está a solo 16 años luz de distancia y tiene unas condiciones climáticas muy parecidas a las de la Tierra.
Se llama Gliese 832c, es una "supertierra" y tiene por lo menos cinco veces la masa de nuestro planeta. Orbita su estrella cada 36 días y se encuentra en la zona habitable de Gliese 832, que podría permitir la existencia de agua líquida en su superficie.
Sin embargo, la estrella anfitriona es una enana roja que es mucho más tenue y fría que nuestro Sol, así que Gliese 832c recibe casi la misma cantidad de energía que la Tierra, a pesar de que orbita mucho más cerca de su fuente de calor.
"Esto convierte a Gliese 832c en uno de los tres planetas más similares a la Tierra y más cercanos a la Tierra, un objeto privilegiado", dijo Abel Méndez Torres, director del Laboratorio de Habitabilidad Planetaria de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo, citado por The Daily Mail.
Esta estrella se ubica cerca de un planeta similar a Júpiter, Gliese 832 b, descubierto en el 2009. El nuevo planeta, Gliese 832c, apareció en el Catálogo de Exoplanetas Habitables, junto a otros 23 cuerpos celestes.
El número de planetas en el catálogo casi se ha duplicado este año.
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La NASA diseña una nave a lo Star Trek capaz de viajar más rápido que la luz
Un científico de la NASA ha revelado el diseño de un prototipo de la nave, supuestamente capaz de viajar a una velocidad mayor que la de la luz, y cuyo concepto y la apariencia se asemejan al famoso Enterprise de Star Trek.
El proyecto, bautizado IXS Enterprise en honor a la saga de ciencia ficción Star Trek, se basa en la idea del empuje por curvatura (conocido también como empuje warp o impulso de distorsión), una tecnología teórica que, según creen los científicos, permitiría distorsionar el espacio-tiempo alrededor de la nave para permitirle desplazarse a una velocidad que superaría la de la luz.
Una nave con empuje warp podría alcanzar la Próxima Centauri, la estrella más cercana a nosotros, situada a una distanxia de 4,3 años luz, en tan solo dos semanas. Viajar a otros astros sería cuestión de semanas y no de vidas enteras.
El diseñador de la IXS Enterprise, el investigador de la NASA Harold White, trabaja para desarrollar el empuje por curvatura desde 2010. Su proyecto ha atraído últimamente mucha atención al revelarse imágenes del proyecto creadas por el artista Mark Rademaker en cooperación con White. Para crear estas imágenes detalladas Rademaker necesitó más de 1.600 horas, asegura el mismo artista.
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China sintetiza el diamante más fuerte del mundo
Los diamantes son apreciados por los perforadores de petróleo, equipos de carretera y los físicos por su capacidad inigualable para moler, cortar, perforar y pulir otros materiales. Sin embargo, su pobre estabilidad térmica ha limitado estas aplicaciones. Puede que eso no le importe cuando mire su anillo de compromiso, pero en el ámbito de la industria juega un papel fundamental.
Por este motivo, un grupo de investigadores de la Universidad Yanshan, en Qinhuangdao (China), ha creado de forma sintética el diamante más fuerte del mundo, informa la revista Nature. Han desarrollado una joya artificial con propiedades mecánicas y térmicas sin precedentes, un diamante aún más resistente que los creados por la naturaleza.
Los antiguos egipcios pueden haber sido los primeros en utilizar diamantes en sus herramientas, aunque no existen pruebas consistentes de ello. El uso de diamantes para perforar rocas sí está documentado en el siglo XVIII. La necesidad de brocas fuertes, resistentes al desgaste para la perforación industrial y la búsqueda de petróleo llevó al desarrollo de una nueva clase de material superduro en la década de los 80 que consiste en granos de diamante unidos con cobalto metálico.
Pero la principal desventaja de estos materiales es que comienza a oxidarse a unos 700ºC, lo que lleva a un desgaste severo de las herramientas de diamante a altas temperaturas. Los intentos para aumentar la dureza del diamante por la disminución de su tamaño de grano han tenido éxito, pero a costa de una estabilidad térmica aún más pobre.
Los investigadores aseguran que han superado este problema mediante la síntesis del diamante con una estructura a nanoescala que consiste no en granos minúsculos, sino en una especie de «gemelos» de cristal, una red cristalina en la que impera la simetría. Utilizando nanopartículas de carbono y con la aplicación de una gran presión y temperatura, han hecho un diamante con un tamaño promedio de sólo unos 5 nanómetros, la microestructura más diminuta lograda jamás en el diamante.
El aumento de la dureza de este nuevo diamante se acompaña de una temperatura de oxidación de más de 200ºC mayor que la del natural. Los investigadores creen que sus resultados pueden dar lugar a nuevos materiales con propiedades excepcionales.
[Agencias]
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Hallan dos nuevos planetas cerca de la Tierra, uno de los cuales podría tener agua
Un grupo internacional de astrónomos anunció que ha hallado dos nuevos exoplanetas, uno de los cuales podría tener agua, alrededor de una estrella muy antigua a solo 13 años luz de nosotros.
Se trata de la estrella de Kapteyn, bautizada así en memoria del astrónomo que la descubrió, Jacobus Kapteyn. Es una subenana roja que emite 250 veces menos luz que nuestro Sol, y cuya masa es una cuarta parte de la Solar. Se encuentra en la constelación de Pictor, y no se ve a simple vista, pero con un telescopio de aficionado se puede observar en el hemisferio sur.
El equipo, dirigido por astrónomos de la Universidad Queen Mary de Londres, utilizó los datos del espectómetro HARPS del Observatorio Europeo Austral (ESO) en el observatorio de La Silla (Chile) para medir pequeños cambios en el movimiento de la estrella. De esa forma, los científicos pueden deducir algunas propiedades de los planetas, incluidos sus masas y períodos orbitales.
"Nos sorprendió encontrar planetas orbitando la estrella de Kapteyn", reconoce el investigador Guillem Anglada-Escudé, responsable del estudio. El planeta bautizado como Kapteyn b podría albergar agua. Tiene al menos cinco veces la masa de la Tierra y orbita su estrella cada 48 días, lo que significa que es suficientemente cálido para que el agua líquida se encuentre en su superficie. El segundo, Kapteyn c, es una supertierra más masiva. Su año dura 121 días y los astrónomos piensan que es demasiado frío para que alguna criatura pueda darse un chapuzón en su superficie.
De momento, solo se conocen algunas propiedades de estos mundos, como sus masas aproximadas, períodos orbitales y distancias de su estrella. Pero en el futuro, los astrónomos tendrán nuevos instrumentos que les permitirán medir sus atmósferas y verificar la presencia o falta de agua.
"Encontrar un sistema planetario estable con un planeta potencialmente habitable orbitando una de las estrellas más cercanas del cielo es increíble. Es una evidencia más de que casi todas las estrellas tienen planetas, y esos planetas potencialmente habitables en nuestra galaxia son tan comunes como granos de arena en una playa", apunta Pamela Arriaga, de la Carnegie Institution, que también ha participado en el estudio.
Uno de los aspectos más interesantes del hallazgo de la estrella de Kapteyn es su historia. Se cree que la estrella nació en una galaxia enana que fue absorbida por la Vía Láctea. Esto la puso en un nuevo camino, convirtiéndola en parte del halo de nuestra galaxia. El remanente de esa galaxia original es Omega Centauri, un enigmático grupo de estrellas a 16.000 años luz de la Tierra que contiene cientos de miles de viejos soles. Esto sitúa la edad de la estrella de Kapteyn y sus planetas en 11.500 millones de años, 2,5 veces más antiguos que la Tierra y solo 2.000 millones de años más jóvenes que el mismo Universo. "Esto te hace preguntarte qué tipo de vida podría haber evolucionado en esos planetas durante tanto tiempo", reflexiona Anglada-Escudé.
[Agencias]
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Ciencia
Encuentran en Marte un volcán que pudo albergar vida hasta hace 200 millones de años (vídeo)

Las erupciones de un volcán marciano gigante, una vez cubierto por el hielo, podrían haber creado grandes lagos de agua en un pasado relativamente reciente. Esto significa que el área pudo haber sido habitable, aseguran varios científicos.
La idea común es que Marte, planeta gemelo de la Tierra, consiguió "fabricar" seres vivientes prácticamente al mismo tiempo que nuestro mundo, es decir, hace casi 4.000 millones de años. Después, las condiciones del Planeta Rojo se fueron deteriorando hasta que la vida, por lo que sabemos, desapareció al mismo tiempo que prosperaba en la Tierra. De hecho, los datos disponibles apuntan a que las condiciones primitivas de Marte eran idóneas para la vida, aunque hasta ahora no hemos sido capaces de encontrarla.
Los geólogos de la Universidad de Brown (EEUU), usando los datos del Mars Reconnaissance Orbiter (Orbitador Reconocedor de Marte) de la NASA, analizaron la topografía del volcán marciano Arsia Mons, una de las montañas más grandes del sistema solar. Según los resultados de su estudio publicado en la revista Icarus, las erupciones a lo largo del flanco noroeste del volcán se produjeron al mismo tiempo que un glaciar cubría la región hace unos 210 millones años, algo bastante reciente en una escala geológica.
El monte Arsia es dos veces más alto que el Everest. No en vano, es el tercer volcán más alto de Marte y uno de los mayores que existen en todo el Sistema Solar. Este nuevo análisis de su orografía y de la clase de terreno que hay a su alrededor muestra claramente que varias erupciones en su flanco noroeste sucedieron justo al mismo tiempo que un gran glaciar cubría toda la región, hace unos 210 millones de años. El calor de estas erupciones debió de fundir enormes cantidades de hielo y formar lagos glaciales, como enormes burbujas de agua líquida atrapadas en el interior de un gran cubo de hielo.
Según los cálculos de Kat Scanlon, directora de la investigación, los lagos cubiertos de hielo del monte Arsia habrían contenido cientos de km cúbicos de agua de deshielo. Y donde hay agua en abundancia, hay posibilidades de vida. "Esto es interesante - afirma Scanlon- porque es la forma de tener gran cantidad de agua líquida en Marte hasta tiempos muy recientes".
Y si bien es cierto que 210 millones de años no suenan precisamente a "tiempos muy recientes", también lo es que es mucho menos tiempo del que tiene cualquiera de los entornos potencialmente habitables descubiertos por el Curiosity y otros rover marcianos, con antigüedades que normalmente rondan, y a veces superan, los 2.500 millones de años.
Por eso, la relativa "juventud" del entorno descubierto en las laderas del monte Arsis lo convierte en un lugar del máximo interés para futuras misiones de exploración. "Si hay signos de vida pasada en lugares mucho más antiguos, entonces el Monte Arsia sería el primer sitio al que querría ir", afirma la investigadora.
Los científicos llevan desde la década de los setenta del pasado siglo especulando con la posibilidad de que el flanco noroeste del monte Arsia estuviera, alguna vez, cubierto por glaciares. Pero la idea no tomó su máximo impulso hasta el año 2003, cuando otros geólogos de las Universidades de Brown y de Boston (Jim Head y David Marchant), mostraron que las marcas del terreno que rodea el volcán marciano resultan sorprendentemente similares a las huellas dejadas aquí, en la Tierra, por el retroceso de los glaciares en los Valles Secos de la Antártida.
Más recientemente, la idea del glaciar marciano cobró nuevas fuerzas tras el desarrollo de los últimos modelos climáticos de Marte, que tienen en cuenta, entre otros factores, los cambios de inclinación del eje del planeta. Los modelos sugieren que durante los periodos de mayor inclinación, el hielo de los polos "migraba" hacia el ecuador. Lo cual convertiría a las montañas gigantes de las latitudes medias de Marte, como el monte Arsia, en lugares privilegiados para la glaciación hace precisamente alrededor de 210 millones de años.
Trabajando junto a Head, Marchant y Lionel Wilson, del Centro Ambiental de Lancaster, en Reino Unido, Scanlon buscó evidencias de que lava procedente de las erupciones del volcán fluyó en la región al mismo tiempo en que existieron esos glaciares. Y encontró un montón de ellas.
Usando datos del Mars Reconnaissance Orbiter, Scanlon encontró formaciones de lava similares a las que hay en la Tierra cuando se producen erupciones submarinas. Y también halló la clase de crestas y montículos que se forman en la Tierra cuando el flujo de lava es constreñido por glaciares. La presión de la capa de hielo comprime, en efecto, el flujo de lava, y el agua del deshielo "congela" la lava en forma de fragmentos de vidrio volcánico, formando montículos y crestas de empinadas laderas y cimas planas. El análisis también reveló pruebas de la existencia de un río formado en el glaciar, una riada masiva que se produjo cuando el agua atrapada por los hielos logró liberarse.
Basándose en el tamaño de esas formaciones, Kat Scanlon pudo estimar cuánta lava interactuó con el glaciar. Y a partir de ahí calcular cuánta agua de deshielo pudo llegar a producirse. La investigadora halló que dos de los depósitos habrían creado lagos que contenían cerca de 40 km. cúbicos de agua cada uno. Lo que supone cerca de un tercio del volumen del lago Tahoe en cada lago marciano. Otra de las formaciones habría creado un tercer lago algo más pequeño, de unos 20 km. cúbicos de agua.
Incluso para las gélidas condiciones que reinan en Marte, toda esa cantidad de agua habría podido permanecer en estado líquido durante un periodo sustancial de tiempo. Los cálculos de Scanlon apuntan a que los lagos pudieron llegar a perdurar durante varios cientos, incluso miles de años.
Lo cual habría sido tiempo más que suficiente para que los lagos fueran colonizados por formas de vida bacteriana, si es que esta clase de criaturas vivió alguna vez en Marte.
Durante las erupciones, el calor habría derretido grandes cantidades de hielo, que luego se habrán convertido en cuerpos de agua dentro de los glaciares como burbujas de líquido en un cubo de hielo medio congelado. Los lagos podrían contener cientos de kilómetros cúbicos de agua, aseveran los investigadores.
"Hay un montón de trabajos en la Tierra, aunque no tantos como me gustaría, sobre las clases de microbios que viven en esta clase de aguas glaciales -afirma Scanlon-. Se han estudiado principalmente porque se parecen a la luna de Saturno Europa, donde tienes todo un planeta que es un lago cubierto de hielo".
Según este estudio, parece posible que este misma clase de ambientes pudieron existir en Marte en un pasado relativamente reciente. Incluso cabe la posibilidad de que allí siga habiendo glaciares en la actualidad. "Residuos helados en cráteres y crestas sugieren fuertemente que algunos de los glaciares siguen existiendo, enterrados bajo las rocas y los escombros -afirma Scanlon-. Lo cual es interesante desde el punto de vista científico porque probablemente conservan en pequeñas burbujas un registro de la atmósfera de Marte tal y como era varios cientos de millones de años atrás. Sin olvidar que un depósito de hielo en Marte podría ser también una valiosa fuente de agua para futuras misiones tripuladas".
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Ciencia
Video: 13.700 millones de años de evolución de las galaxias en 45 segundos
La NASA ha publicado un vídeo que en tan solo 45 segundos muestra la evolución de galaxias espirales como nuestra Vía Láctea en 13.700 millones de años, desde el inicio de los inicios, el Big Bang.
En el vídeo, creado por los especialistas del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, se ve cómo las galaxias, según el conocimiento científico de hoy, nacen, se desarrollan y mueren.
Estas formaciones, según las teorías científicas actuales, se crean a partir de pequeñas agrupaciones de estrellas y de polvo espacial, después de lo cual la gravedad las atrae entre sí, creándose formaciones de mayor tamaño, explica la NASA en su montaje.
Las galaxias también colisionan, lo que deja 'brazos' largos en sus límites poblados por estrellas enanas. Ese es el futuro que espera también a nuestra galaxia, que está siendo atraída a la vecina galaxia de Andrómeda.
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Ciencia
La 'Gran Mancha Roja' de Júpiter disminuye de forma acelerada
El gigante vórtice atmosférico de Júpiter conocido como la Gran Mancha Roja se ha reducido a un tercio de su tamaño desde finales del siglo XIX. En la actualidad tiene casi el mismo diámetro que la Tierra.
Esta reducción, que está cambiando la forma de la mancha de un óvalo a un círculo, se conoce desde los años 30, pero ahora su tamaño es más pequeño que nunca, según revelan unas sorprendentes imágenes del telescopio espacial Hubble.
En el planeta más grande del Sistema Solar los vientos en su periferia alcanzan hasta 400 kilómetros por hora. La Gran Mancha Roja es una tormenta circular anticiclónica que parece un profundo ojo rojo inmerso en capas de color amarillo claro, naranja y blanco. Los vientos dentro de esta rabiosa tormenta alcanzan velocidades inmensas, llegando a cientos de kilómetros por hora. Las nubes que lo componen y que giran en el sentido contrario de las agujas del reloj tardan entre cuatro y seis días en hacer una vuelta completa.
Las primeras observaciones de esta tormenta, que se remontan a finales del siglo XIX, calibraron su tamaño en unos 41.000 kilómetros en su punto más ancho, lo suficientemente amplia como para encajar cómodamente tres Tierras una al lado de la otra. En 1979 y 1980 sobrevuelos de la sonda Voyager de la NASA midieron de nuevo el fenómeno y comprobaron que se había encogido hasta los 23.335 km. Ahora, el Hubble ha confirmado que es más pequeño que nunca.
"Recientes observaciones del Hubble confirman que ahora la mancha tiene menos de 16.500 km de diámetro, el más pequeño que hemos medido nunca", según Amy Simon, del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Maryland, EEUU.
Observaciones de aficionados realizadas a partir de 2012 ya habían revelado un notable aumento en la tasa de disminución de la mancha de hasta 1.000 km por año. La razón todavía es desconocida.
"En nuestras nuevas observaciones es evidente que unos remolinos muy pequeños están alimentando la tormenta -apunta Simon-, tenemos la hipótesis de que estos pueden ser responsables de la aceleración de los cambios mediante la alteración de la dinámica interna de la Gran Mancha Roja".
El equipo de Simon planea estudiar los movimientos de los pequeños remolinos y la dinámica interna de la tormenta para determinar si estos torbellinos pueden alimentarse del vórtice hasta provocar esta disminución, a la que todavía no se ha encontrado explicación.
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