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Armas para Gaza
En 2003 el gobierno de George W. Bush dijo al mundo que invadiría Irak porque ese país poseía armas de destrucción masiva y era necesario destruirlas. La verdad fue exactamente la contraria: la Casa Blanca, la mafia presidencial estadunidense y sus aliados internacionales pudieron lanzar la agresión justamente porque Irak no tenía ese tipo de armamento. De haberlo tenido, los gobiernos occidentales lo habrían pensado dos veces, ante la posibilidad de desatar un conflicto incontrolable y de experimentar un número inaceptable de bajas en sus fuerzas.
La lección fue rápidamente aprendida por otros estados que se encuentran desde siempre en la mira de Washington. Irán y Corea del Norte emprendieron de inmediato intensivos programas de rearme (atómico, en el caso del país oriental) para no correr la misma suerte que Irak, cuya población ha pagado con cerca de 150 mil muertes de inocentes (http://is.gd/5K6ZJS) la incapacidad para evitar la invasión, la ocupación y la subsiguiente guerra civil.
En el mundo actual el viejo principio de la disuasión sigue tan vigente como durante la guerra fría, cuando la lógica de la destrucción mutua asegurada impidió una confrontación directa entre Estados Unidos y la Unión Soviética. La última confrontación importante entre India y Pakistán fue la de Kargil, en 1999, cuando Pakistán no contaba aún con un sistema de propulsión para sus bombas atómicas. Pero, aunque sea horrible escribirlo, desde que ambos países disponen de arsenales atómicos operativos los choques militares entre ambos se han reducido casi a cero.
El mantenimiento de la paz o la construcción de procesos de pacificación dependen, si no de un equilibrio militar, económico, político y diplomático de los contendientes, sí cuando menos de un mínimo potencial disuasorio por parte del bando más débil y de la capacidad de convencer al adversario de que su victoria definitiva es irrealizable y que, en consecuencia, la paz es la menos mala de las perspectivas.
Los palestinos de Gaza no cuentan con ningún instrumento de disuasión para frenar las andanadas militares israelíes de claro propósito genocida. La expresión, por cierto, es meramente descriptiva: lo que hacen los aviones y la artillería terrestre de Israel en Gaza encaja plenamente con las definiciones de genocidio formuladas por el propio Raphael Lemkin, Helen Fein, Bernard Bruneteau y el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Como ha señalado Gideon Levy en un artículo publicado el pasado domingo en Haaretz (http://is.gd/jLxMxX), el propósito real de los bombardeos ordenados por los gobernantes de Tel Aviv no es acabar con los cohetes artesanales de Hamas, sino simple y llanamente “matar árabes”, con la esperanza de que la mortandad lleve, por sí misma, a la calma.
Ante los cazabombarderos y helicópteros de combate de fabricación estadunidense, los mortíferos drones, los devastadores cañones de los tanques Merkava y la artillería naval israelí, los palestinos de Gaza no tienen ningún medio de defensa. Las únicas armas que poseen, además de pistolas y fusiles, son cohetes rústicos sin ningún valor militar real, pero cuyas capacidades son sistemáticamente exageradas tanto por los medios occidentales como por el chovinismo desesperado de los comunicadores de Hamas.
Con esos cohetes, llamados genéricamente Qassam, los dirigentes de Hamas no han conseguido más que matar o herir a unos cuantos civiles israelíes inocentes y dar al régimen de Tel Aviv la coartada perfecta para lanzar bombardeos a gran escala sobre los habitantes de la franja. Es horrible decirlo, pero para detener el genocidio en dosis requerirían, en cambio, de armas antiaéreas que convirtieran Gaza en una zona peligrosa para los bombarderos israelíes y redujeran el margen de impunidad con que éstos destruyen presuntos locales de combatientes fundamentalistas, edificios habitacionales, escuelas, hospitales y mezquitas. Y requerirían además de sistemas antitanque para detener las ofensivas terrestres.
Para los gobernantes de Tel Aviv la paz no es buen negocio y, en tanto no corran riesgos, proseguirán la destrucción demográfica, material y territorial de las bases en que debe asentarse el Estado palestino. La ultraderecha israelí asesinó a Yitzhak Rabin, único primer ministro que estuvo dispuesto a restituir los territorios palestinos ocupados, aisló y pulverizó el liderazgo moderado de Al Fatah y generó, por esa vía, el dominio político de Hamas en Gaza.
Esa cosa informe llamada “comunidad internacional”, está visto, no hará nada por impedir el cese de la actual carnicería ni por prevenir acciones futuras de esta clase. En tal circunstancia, aunque resulte horrible tener que decirlo, es absolutamente legítimo que los palestinos se provean de armamento defensivo para proteger sus centros urbanos de los ataques aéreos israelíes y, en términos generales, reduzcan en alguna medida la absoluta desproporción táctica y estratégica hoy existente entre una población depauperada, cercada e inerme, y una de las potencias militares más poderosas del planeta.
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Internacional
Destrucción social y caos mundial, esencia del imperio neoliberal
ALBERTO RABILOTTA
Es difícil no sentir que el mundo, la humanidad y nuestra madre tierra están siendo empujadas a la catástrofe por el imperio neoliberal, o sea Estados Unidos (EE.UU.) y sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Esto es tan válido si hablamos de la naturaleza, de la acelerada extinción de especies y el recalentamiento global, como de las sociedades, o mejor dicho de lo que de ellas resta en tantos Estados-naciones que se han dejado o están siendo empujados a despojarse de toda soberanía nacional y popular.
Este caos actual es el producto de las políticas de un imperialismo que desde el derrumbe de la Unión Soviética trata de mantener un orden unipolar para instaurar mundialmente y sin alternativa de cambio el neoliberalismo, hacer realidad el "no hay otra alternativa" de Margaret Thatcher.
Pero, como quedó demostrado cuando EE.UU. fue forzado a cambiar su política de agresión en Siria, a partir de septiembre de 2013, la unipolaridad ya no es posible no solo por el activo papel que juegan dos grandes potencias, como lo son Rusia y China, sino por la mayoría de países en el mundo que apoyan el retorno a un multilateralismo y se oponen a perder la soberanía nacional y popular que les permita adoptar sus propias políticas socioeconómicas e integrarse internacional o regionalmente de manera compatible con sus legítimos intereses nacionales.
La unipolaridad ya estaba comprometida por la constatación en el Oriente Medio, África y Asia de que EE.UU. y sus aliados provocan guerras que no ganan -Afganistán, Irak, Libia y Siria-, pero que siempre dejan caos, muertes, refugiados, miseria y destrucción económica y social.
En 2011 los dos principales aliados del imperio en el Oriente Medio, Israel y Arabia Saudita, criticaron abiertamente a Washington por no haber lanzado una guerra contra Irán y haber permitido el derrocamiento del presidente Mubarak en Egipto, haciéndole llegar al presidente Barack Obama el mensaje de que "no se abandona a los aliados".
Todo el mundo, y en primer lugar los aliados de Washington, saben que las guerras que lanzan EE.UU. y sus aliados no se ganan, que destruyen países, economías y sociedades, y dejan el caos.
Desde Afganistán hasta Siria, pasando por Iraq y Libia -sin olvidar Pakistán, Sudán y otros países africanos-, solo han dejado destrucción, cruentas luchas entre comunidades religiosas y grupos étnicos, y cientos de miles de muertos, heridos y refugiados, y una gran miseria. EE.UU. no tiene nada de positivo que mostrar.
Hace casi dos décadas el economista ítalo-estadounidense David Calleo escribió sobre las fases de decadencia final de los imperios de Holanda e Inglaterra, calificándolas como "hegemonía explotadora", en las cuales el imperio no tiene nada que ofrecer de positivo (desarrollo socioeconómico o seguridad militar, por ejemplo) a los países que domina y componen el sistema, incluyendo a la economía y sociedad del imperio, y entonces se dedica a exprimirlos a fondo, a vivir de las rentas que por todos los medios puede extraer de esos países. El imperio estadounidense se encuentra en esa fase.
Para muestra basta un botón: en una conversación privada el ministro de Relaciones Exteriores de Polonia, Radoslaw Sikorski, puso en claro que la alianza de su país con EE.UU. y la OTAN no los beneficia y que, al contrario, provoca peligrosos focos de tensiones con los países vecinos.
Lo mismo debe estar pensando cualquier persona honesta que aún esté en el gobierno creado por el golpe de Estado en Ucrania, último país al que EE.UU. y sus aliados de la OTAN han llevado al borde de la guerra civil para provocar foco de constante confrontación con Rusia.
Al mismo tiempo, signo de que el imperio ya no puede controlar a todo el mundo durante todo el tiempo, en Latinoamérica y el Caribe se prosigue la creación de los mecanismos de integración regional y subregional, en los cuales EE.UU. no figura ni puede controlar.
Por su parte el BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) sigue avanzando con sus proyectos de creación de un banco de desarrollo e instrumentos monetarios y financieros fuera del alcance de EE.UU. y del dólar, mientras que asistimos al reforzamiento de lazos económicos, comerciales y monetarios entre Rusia y China, entre otros procesos regionales en curso en Asia y Eurasia.
Nada de esto constituye en sí una alternativa anticapitalista, más bien la casi totalidad de países funcionan dentro de un sistema capitalista, aunque tengan importantes sectores estatales en la economía y puedan estar priorizando formas de propiedad social como sustituto a la propiedad privada en ramas de la economía. Pero, detalle clave, en prácticamente todos los países la intervención estatal en la economía es un hecho.
Asimismo, en todos esos procesos el regionalismo incluye la participación e intervención de los Estados, de sus instituciones y empresas, así como niveles de planificación sectorial en las áreas industriales, energéticas, comerciales y de servicios, y sistemas financieros y monetarios que se promete o avizora estarán fuera del control del imperio y sus aliados.
Una forma de regionalismo de este tipo como alternativa al "capitalismo universal", lo que hoy llamamos neoliberalismo, fue propuesto por el intelectual húngaro Karl Polanyi en 1945.
Pero aún no siendo una alternativa socialista o anticapitalista, es claro que estos procesos regionales y multilaterales constituyen una formidable barrera a los planes del imperio, una barrera que el imperialismo está tratando de derribar con todos los instrumentos a su alcance, como la ofensiva para concluir rápidamente y en el más completo secreto los Acuerdos de "última generación" -el Acuerdo Transpacífico de Asociación económica, la Asociación Transatlántica sobre Comercio e Inversiones y el Acuerdo sobre el comercio en servicios-, o tratando de entorpecer los acuerdos regionales a través de los políticos, burócratas, profesionales y empresarios que están al servicio del imperio.
Los mencionados Acuerdos tienen por objetivo la eliminación de la soberanía nacional y la sujeción de los Estados signatarios a respetar los términos de esos tratados negociados en secreto, que respetan una sola ley, la de EE.UU., e incluyen mecanismos por los cuales los Estados que no respeten los términos pueden ser llevados ante tribunales de arbitraje por los monopolios. Esos Estados pasan a ser garantes de las inversiones de los monopolios extranjeros para apropiarse de los sectores económicos que les interesan, incluyendo los que dejarán los Estados al privatizar los servicios públicos.
Pero esos Acuerdos no son cosa hecha porque el rechazo crece en las poblaciones que no quieren abandonar sus legítimos sentimientos e intereses nacionales, y en los intereses capitalistas locales que saben que serán aplastados por los monopolios extranjeros.
Y mientras que el regionalismo avanza, en la Casa Blanca y el Congreso de Washington no les queda otra alternativa que aferrarse a seguir creyendo que el imperio es invulnerable y puede seguir actuando, él y sus aliados estratégicos, con la impunidad que les dio el (relativamente breve) orden unipolar. Es en este contexto que tiene su dimensión el discurso del presidente ruso Vladimir Putin ante los embajadores de Rusia, el 1 de julio, donde les recordó que EE.UU. está aplicando a su país la misma política de "contención" que durante la Guerra Fría aplicó contra la Unión Soviética, y que esperaba que el pragmatismo prevalecerá, que los países occidentales se despojarán de ambiciones, de tratar de "establecer cuarteles mundiales para organizar todo acorde a rangos, e imponer reglas uniformes de comportamiento y de vida de la sociedad".
Putin señaló que los diplomáticos rusos saben cuán dinámicos e impredecibles los acontecimientos internacionales pueden a veces ser. Parecen haber sido presados juntos de una sola vez y por desgracia no son todos de carácter positivo.
El potencial de conflicto está creciendo en el mundo, las viejas contradicciones se agudizan y otras nuevas están siendo provocadas. Muy seguido nos encontramos con este tipo de situaciones, a menudo de forma inesperada, y observamos con pesar que el derecho internacional no está funcionando, que las leyes internacionales no funcionan, que las elementales normas de decencia son descartadas y que triunfa el principio de todo-está-permitido.
Es tiempo de que reconozcamos el derecho de los demás a ser diferentes, el derecho de cada país a construir su vida por sí mismo, no por las avasallantes instrucciones de algunos , el desarrollo global no puede ser unificado, pero podemos y debemos buscar un terreno común, ver socios en cada uno de los demás, no rivales, y establecer cooperación entre los Estados, sus asociaciones y las estructuras integradas.
Y refiriéndose a los conflictos que asolan varias regiones del mundo, Putin subrayó que el mapa mundial tiene de más en más regiones donde las situaciones están crónicamente enfebrecidas, sufriendo de un "déficit de seguridad".
Horas antes, en el Encuentro Internacional Antimperialista convocado por la Federación Sindical Mundial (FSM) y realizado en Cochabamba, Bolivia, el presidente boliviano, Evo Morales, señaló que "es importante identificar" los instrumentos actuales de dominación del capitalismo, del imperialismo, porque "por lo menos en América Latina ya no se ven golpes de Estado, ya no hay tanto las dictaduras militares como antes", sino más bien "pueblos que defienden las democracias, pueblos que con mucha claridad plantean programas y proyectos, proyectos políticos de liberación".
Y en este contexto, según el presidente boliviano, hay que preguntarse qué hace el imperio: "provoca conflictos en cada país, financia enfrentamientos de un pueblo, de un país y después con el pretexto de defensa de los derechos humanos, del niño, de la mujer, del anciano, intervienen con el Consejo de Seguridad; qué Consejo de Seguridad, para mí sigue siendo ese llamado Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas un consejo de inseguridad, un consejo de invasión a los pueblos del mundo".
Para enfrentar esta agresión imperialista, Morales pidió a los delegados de la FSM que elaboren "una nueva tesis política para liberar a los pueblos del mundo", que sobrepase "las reivindicaciones sectoriales para ahondar la crisis en el capitalismo y acabarlo, al igual que las oligarquías y jerarquías".
Resumiendo, para un observador que no haya perdido la memoria histórica, lo que Putin dijo no es más que una explicación a los diplomáticos de Rusia de la conclusión a la que el pueblo ruso, y al menos una parte de sus dirigentes, han llegado después de haber sufrido la experiencia de la Perestroika y la aplicación brutal de las políticas neoliberales, y de vivir la experiencia actual de cómo se comporta el imperialismo estadounidense cuando un pueblo quiere buscar su propia vía, aun dentro del capitalismo, sin menospreciar que todo eso debe haber ayudado a revivir lo que el imperialismo buscó enterrar: las enseñanzas de Lenin sobre el imperialismo.
No es tan fácil borrar la memoria histórica de los pueblos, y mientras eso pensaba leí el artículo "Una mirada al pasado" de Ricardo Alarcón de Quesada, ex presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, que concluye con la siguiente frase: Al volver la mirada hacia aquellos años soñadores viene a la mente la advertencia de William Faulkner: "El pasado nunca muere. Ni siquiera es pasado" (publicado en la revista chilena Punto Final, edición nro. 807 del 27 de junio de 2014).
Pocos días antes de la reunión de la FSM, el presidente Evo Morales fue anfitrión de la reunión de los 77+China, y sin duda allí registró muchos sentimientos sobre el brutal accionar del imperialismo y la voluntad de muchos gobiernos de poder defender sus legítimos intereses nacionales, algo que bajo el imperio neoliberal está prohibido.
Nuevamente, cuando los pueblos viven bajo la férula imperial y recuperan la memoria histórica, es lógico que retorne la necesidad de una estrategia antimperialista.
En un reciente análisis titulado "America’s Real Foreign Policy - A Corporate Protection Racket", el intelectual estadounidense Noam Chomsky describe el verdadero objetivo histórico de la política exterior de EE.UU.: proteger los intereses del sector de las grandes empresas con un "nacionalismo económico (un proteccionismo que) depende en gran medida de la intervención estatal masiva", y por eso en regla general se ha opuesto por todos los medios a que los demás países tengan políticas de "nacionalismo económico".
Esto, fundamenta Chomsky con referencias documentales, es válido para toda el análisis de la política estadounidense hacia América latina y el Caribe, y es el trasfondo del conjunto de la política exterior estadounidense en todo el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando el sistema mundial que iba a ser dominado por EE.UU. fue amenazado por lo que los documentos internos llamaban "regímenes radicales y nacionalistas", que responden a las presiones populares para un desarrollo independiente.
Lo que documenta Chomsky se encuadra con lo que en 1945 anticipaba Karl Polanyi, de que EE.UU. "ha sido el hogar del capitalismo liberal del siglo XIX y es lo suficientemente poderoso para proseguir solo la utópica política de restaurar el liberalismo".
Y, en ese sentido y con todas las limitaciones que conlleva, el regionalismo es por ahora el principal frente antimperialista, y el otro tendrá que ser construido por los pueblos, por sus organizaciones políticas, sindicales y sociales.
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Internacional
Gaza, los orígenes de la violencia
MILAGROS RIERA
El año acaba mal, y empieza peor, la sangre de los palestinos sigue regando la arena del mayor campo de concentración del mundo, donde los judíos aparcan a los palestinos con la esperanza de verlos morir lo antes posible, y esto con la complicidad de todo el mundo occidental y el silencio de los dirigentes del mundo árabe, mas interesados en cobrar los petrodólares y construirse islas absurdas, los medias callan y otorgan, todos están al servicio del capital que manejan los financieros judíos.
Quisiera aquí sobrevolar un poco las razones de un genocidio que es aceptado por todos entre risas y champán.
Tenderemos que empezar hablando de la historia del pueblo judío para decir que se trata de una mistificación del mismo nivel de la que luego nos sirvió la Iglesia Católica. Todo empezó con Josias, (639-586 a.de C.) este reyezuelo de Judá fue él el inventor de la Biblia tal como hoy día la conocemos. Israel Finkelstein y Neil AsherSilberman en su libro “La Biblia Desenterrada” cuentan a la luz de la arqueología lo que realmente sucedió.
Josias, rey de un pequeño estado, decidió unir a su pueblo en la tarea de anexionarse los estados vecinos, aunque ello le llevase a enfrentarse con Asiría, potencia dominante en aquella época, para ello necesitaba galvanizar a su pueblo, nada mejor que la religión para esos casos, así oportunamente fue encontrada una vieja versión de la Biblia , en un templo que hablaba de la historia de Israel desde el punto de vista que necesitaba Josias, es decir el pueblo de Israel no tenia mas dios que Jehová, era el pueblo elegido, el Señor había hecho alianza con el y sus desgracias venían de que habían aceptado otros dioses en el templo. Cuando se purificaran y cumplieran la ley al pie de la letra obtendrían la victoria.
Convenientemente evangelizados, evangelio quiere decir buena nueva, quemaron los dioses de otros pueblos, degollaron a los sacerdotes, destruyeron los templos y acabaron con los malditos herejes que no aceptaban la supremacía del pueblo judío. La guerra que debía darles la posesión de todas las tierras que decían suyas la perdieron, los judíos suelen perder todas las batallas, solo saben exterminar a inocentes desarmados, sobre todo los niños son su presa favorita, lo vemos en la televisión todos los días.
Josias murió en la batalla de Mejido al enfrentarse con el faraón reinante, su enorme piedad, alabada por todo su pueblo, no le sirvió de nada, pero no fracaso ya que nos lego una herencia terrible. La idea del dios único, el monoteísmo, viene de entonces, antes Jehová era un dios entre tantos, ahora era el único y todos los que en él no creyeran deberán perecer, estas idea ha sido recogida por las tres religiones del libro, que las han utilizado desde entonces para justificar todas sus carnicerías, cualquier empresa colonialista, capitalista, imperialista, debe ser respaldada por la voluntad de dios, antes y ahora, siempre, ese dios se ha convertido en la justificación de los asesinos.
Volvamos a tiempos más próximos, Durante el siglo pasado apareció el Sionismo que deseaba apropiarse de Palestina. Los judíos poseían bancos, negocios, dinero, pero no tenían un país que les representara y lo necesitaban para contar en la arena internacional.
No puede negarse que fueron perseguidos, su intransigencia religiosa choco con otra tan fanática como la suya y que bebía en sus mismas fuentes, la Iglesia que empezó compitiendo con la religión judía hizo todo lo posible por exterminar a sus creyentes, los acusó de la muerte del dulce Jesús, cosa absurda para la crítica histórica, pero que fanatizo a los fieles y llevo a horribles matanzas que culminaron en el genocidio judío.
Este genocidio no fue exclusivo del pueblo judío, en los campos de exterminio hubo españoles, soviéticos, gitanos, homosexuales y resistentes de todos los partidos políticos que se oponían al nazismo o meramente patriotas. Si todas estas categorías de victimas han sido olvidadas, el sionismo consiguió aprovechar al máximo esta tragedia.
ShlomoSand en su libro “Cuando y como se invento el pueblo judío” Nos cuenta las mentiras del Sionismo, la invención de un pueblo que debía volver a su patria, esta noción no existía entre los judíos, en realidad su religión les ordenaba no volver a Jerusalén hasta la llegada del Mesías, que allí les conduciría. También nos cuenta que el exilio del que tanto se lamentan no existió, cuando los romanos destruyeron Jerusalén en el año 70, los judíos se quedaron allí, la mayoría eran campesinos y no dejaron sus tierras, al paso de los siglos se convirtieron al Islam y allí siguen, son los palestinos. El estado de Israel esta exterminando a su propio pueblo, al que dicen representar, llevado de sus deseos de ocupar sus tierras.
El Sionismo empezó a comprar las tierras de Palestina antes de la primera guerra mundial, la colonización por el dinero comenzaba. Luego vino el nazismo y sus horrores, de esta tragedia sacaron una conclusión, debían aprovechar el genocidio para instalarse en el país que codiciaban, y que no les pertenecía. Palestina estaba administrada por la Gran Bretaña, potencia colonial, los terroristas judíos no dudaron en poner bombas y asesinar dirigentes ingleses, entre ellos el gobernador, para que el país les fuera entregado, así se hizo. La presión del capitalismo norteamericano fue suficiente para que un país que no pertenecía más que a sus ocupantes fuera entregado a los que deseaban exterminarlos para ocupar sus tierras.
En estos momentos el ejercito israelita echa octavillas desde el cielo en el territorio de Gaza, pide a los que allí habitan que se marchen de sus casas, así podrán venir ellos a ocuparlas. Pues bien eso es lo que sucedió cuando los judíos ocuparon el país que se les regaló. Las protestas de sus legítimos ocupantes y su enfrentamiento con los invasores, fueron tomados como pretexto para organizar matanzas, volar casas, exterminar familias con el fin de que dejaran libres tierras y viviendas, nadie protestó entonces, como ahora.
En un reciente reportaje una mujer, Palestina de Cisjordania, contaba como los colonos judíos tiraban sobre ellos y sus hijos para obligarlos a dejar sus tierras y sus casas, nadie les defiende. No olvidemos que Cisjordania es un país ocupado y que varias resoluciones de la ONU han ordenando su evacuación, el estado de Israel no hace caso y nadie le acusa por ello. Hace poco otro país, Irak, fue sometido a la destrucción y al horror con el pretexto de que no cumplía las resoluciones de la ONU, para Israel esto no cuenta, tienen permiso para matar y expoliar, el dinero cubre con un manto dorado la sangre que derraman, la sangre de niños, de mujeres, de ancianos, de todo un pueblo asesinado.
Recordemos que Israel ha tomado parte, con la CIA o sin ella, en todos los asesinatos y atrocidades que interesaban a su amo capitalista, enseñó a torturar en América del Sur, fabricó el napalm con que se enveneno al Vietnam, y ha intervenido en todos los golpes de estado que llevaron al poder a dictaduras sangrientas, es el perro de presa de los Estados Unidos. Hace poco destruyo parte del Líbano, hace unos años su ejercito de asesinos entró en los campos de refugiados del Líbano provocando una matanza de miles de personas indefensas, lo hicieron de la mano de los falangistas de allí, buenos aliados, Este estado judío es una vergüenza para la humanidad y nosotros también, por tolerar sus crímenes.
Sostengamos con los medios que podamos la lucha del pueblo palestino, es una lucha de liberación nacional, tienen derecho a recuperar el país que les robaron y es una lucha en la que les va la vida, sino resisten serán exterminados, es lo que promete la Biblia a los que se opongan al pueblo elegido, sepámoslo.
[Este articulo lo escribí hace unos cuantos años, lo vuelvo a publicar ya que todo sigue igual, el genocidio consentido continúa.]
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Morir en Gaza
TERESA ARANGUREN
Ya ha ocurrido antes. Todo se repite. Israel bombardea Gaza. ¿Y qué? Todo pasa sin que pase nada. Una y otra vez. A esta matanza le precedió otra, le llamaron Pilar Defensivo, noviembre de 2012, 150 muertos, y antes fue Plomo fundido, diciembre 2008-enero 2009, 1400 muertos, y Lluvias de verano en el verano de 2006, 450 muertos, y Dias de Penitencia en septiembre de 2004, y Cinturón Defensivo en abril de 2002, en Cisjordania, 545 muertos… Una y otra vez.
Entremedias, el goteo habitual de muertos palestinos que difícilmente llega a ocupar un breve en la prensa occidental, las razias del ejército israelí irrumpiendo por la noche en las casas, llevándose a los hombres y a veces también a los niños porque a los 12 años ya se puede lanzar una piedra contra un tanque, la impunidad de los colonos que queman labranzas y olivares y las excavadoras del ejército demoliendo la vivienda del vecino o la tuya o las dos, y la indiferencia de los soldados del check-point mientras una larga cola de mujeres y hombres, ancianos y niños espera que les dejen pasar… Entremedias, la atroz cotidianidad de la ocupación.
Conviene recordarlo. Porque el relato que señala los cohetes de Hamás como desencadenante de esta escalada de violencia es falso. Está elaborado para ocultar la realidad. No es el relato de los hechos. Es el relato israelí de los hechos. Y siendo la versión israelí, es también la estadounidense, y siendo la versión estadounidense, es también, para nuestra vergüenza, la de la diplomacia europea. Y la de los grandes medios estadounidenses y europeos.
Pero el punto cero de la escalada de violencia que desemboca en esta matanza contra la población de Gaza, no está en los cohetes lanzados desde la Franja , ni en el asesinato de tres jóvenes israelíes en Cisjordania, ni en el del adolescente palestino que vino después, tampoco en el impacto de las imágenes recogidas días antes por la cámara exterior de una tienda de Ramalla en las que vimos caer, alcanzados por disparos de un francotirador del ejército israelí, a dos chavales que paseaban tranquilamente por la calle. En realidad el desencadenante, o más exactamente, la razón de esta última demostración de barbarie, no es un acto de violencia, sino lo contrario, un acto de paz, un compromiso de reconciliación. Entre palestinos. El acuerdo entre Fatah y Hamas que ha conducido a un gobierno de unidad nacional y al anuncio de elecciones presidenciales en el plazo de unos seis meses. Ese es el desencadenante de esta escalada. Y su objetivo.
La airada reacción del Primer Ministro israelí a las pocas horas de conocerse el acuerdo fue tan desmesurada como previsible. A Benjamin Netaniahu se le da bien sobreactuar, sabe que tiene un público propicio. De modo que el acuerdo con Hamás tenía que presentarse como el nuevo e insalvable obstáculo para la paz, como antes lo fue la división entre el gobierno de Gaza y el de Cisjordania y antes Yasser Arafat cercado en la Mukata y antes aún la OLP y así hasta llegar a Golda Meir y su famosa frase: “¿ Palestinos? Los palestinos no existen”.
El caso es que los palestinos que, mal que le pesara a Golda Meir, existían antes de que existiese Israel y además tienen la terca manía de seguir existiendo, parece que, pese a todas las dificultades y suspicacias, estaban en vías de recomponer la perdida unidad, su más preciada arma de pueblo resistente. Esta vez el afianzamiento del gobierno de unidad nacional, incluido un cambio en la postura europea hacia Hamas, parecía posible. Y eso no es algo que el gobierno israelí esté dispuesto a tolerar. Hamás nunca ha sido la causa ni el objetivo. El objetivo es el acuerdo de unidad nacional. Para acabar con este acuerdo, están bombardeando Gaza.
(*) Teresa Aranguren es escritora y periodista
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Operación Margen Defensivo: Israel prosigue su política de genocidio en Gaza
RAFAEL NARBONA
OPERACIÓN MARGEN DEFENSIVO
LA NAKBA
UN ESTADO BINACIONAL, LAICO Y DEMOCRÁTICO
¿UNA OPERACIÓN DE BANDERA FALSA?
NO MATARÁS
El secuestro y asesinato de tres jóvenes israelíes ha proporcionado a Benjamin Netanyahu el pretexto ideal para intervenir de nuevo en Gaza. De momento, la Operación Margen Defensivo (en hebreo, Tsuq Eitan, que significa Precipicio Sólido) ha causado la muerte a 165 palestinos y ha producido graves heridas en algo más de un millar. Las cifras no cesan de aumentar y crecerán en las próximas semanas. Entre los fallecidos, hay 30 niños, 17 mujeres y 12 ancianos. La mitad de los heridos son niños (221) y mujeres (225). Entre las víctimas de la barbarie yo incluiría a Mohamed Abu Kher, un adolescente de 16 años al que el pasado 2 de julio unos extremistas judíos quemaron vivo en un bosque de Jerusalén. Con insuperable cinismo, Netanyahu ha responsabilizado a Hamás de las víctimas inocentes, acusando a la organización islámica de utilizar a los civiles como escudos humanos. Es el pretexto habitual de las guerras de agresión para justificar su violencia sobre poblaciones indefensas. Hitler afirmó que la Operación Barbarroja, lanzada el 22 de junio de 1941, era una maniobra preventiva para salvar a Europa de una invasión inminente de la Unión Soviética.
En la última década, Israel ha asesinado a 2.000 palestinos en operaciones preventivas, mientras continuaba con su política de expansión en Cisjordania y Jerusalén, y sometía a la Franja de Gaza a inhumanas restricciones para convertir la zona en un lugar inhabitable. Desde el triunfo de Hamás en las elecciones de 2006, Israel ha mantenido un bloqueo intermitente que afecta a mercancías, alimentos, materias primas, carburantes, medicamentos, suministros de electricidad, agua y material de construcción. Esta política ha incluido cortes de energía que han dañado el funcionamiento de hospitales e infraestructuras de saneamiento. Las restricciones alimenticias explican que cerca del 33% de los niños y niñas de Gaza sufran malnutrición crónica. Israel explota la Shoah como pretexto para su política de genocidio y limpieza étnica en Gaza y Cisjordania. Por desgracia, esa forma de proceder está reavivando la llama del antisemitismo. Sin el apoyo de Estados Unidos, Israel sería un Estado paria.
OPERACIÓN MARGEN DEFENSIVO
“En las últimas 36 hora horas hemos destruido más de lo que destruimos en toda la Operación Pilar Defensivo”, han declarado las Fuerzas de Defensa de Israel (Tsahal), alardeando de su eficacia. Sin embargo, no se puede hablar de guerra en un sentido convencional, pues el potencial militar de los palestinos es irrisorio. Los 250 cohetes lanzados desde Gaza en los últimos días por las Brigadas Azedín al Kasam solo han provocado heridas por esquirlas, si bien es cierto que su capacidad se ha incrementando, alcanzando el norte de Israel. Según el ejército israelí, algunos proyectiles se han quedado a 40 kilómetros de Haifa y otros han impactado en Jerusalén y cerca de las instalaciones nucleares de Dimona. Las sirenas antiaéreas han sonado en Tel Aviv, pero gracias al sistema defensivo Cúpula de Hierro se han neutralizado los cohetes. Se considera a Hamás una organización terrorista, pero la violencia es inevitable cuando 1’8 millones de palestinos viven en 360 kilómetros cuadrados, soportando un paro que supera el 65% y una pobreza que afecta al 90% de la población.
Desde la victoria electoral de Hamás, la Franja de Gaza se ha convertido en una gigantesca cárcel al aire libre, que evoca los guetos judíos en las ciudades europeas ocupadas por la Alemania nazi. El historiador, escritor y profesor jubilado israelí Avner Cohen aseguró en un reportaje publicado por The Wall Street Journal el 24 de enero de 2009 que Israel financió a Hamás en sus inicios, pues consideró que era buena alternativa para debilitar a la OLP. No es posible corroborar las revelaciones de Avner Cohen o las hipótesis del profesor e historiador judío Zeev Sternell, que ha aventurado operaciones parecidas, pero muchos indicios apuntan que se repitió la historia de los muyahidines armados y entrenados por Estados Unidos para combatir a la Unión Soviética en Afganistán o del Inkatha Freedom Party, el partido zulú que obtuvo ayuda militar del gobierno racista de Sudáfrica para luchar contra su viejo rival, el Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela. Netanyahu ha movilizado a 40.000 reservistas, que podrían combatir con las tropas ya desplegadas. No descarta la invasión de Gaza.
Mientras tanto, el portavoz de las Brigadas de Azedín al Kasam ha manifestado unas condiciones para el alto el fuego que no parecen irracionales ni desorbitadas: “Pedimos el fin de la agresión en Jerusalén y Cisjordania, el fin de la agresión contra la Franja de Gaza, la liberación de los prisioneros del intercambio por [el soldado Gilad] Shalit que han vuelto a ser detenidos, y el compromiso con todos los términos del alto el fuego alcanzado en 2012 tras la operación Pilar Defensivo”. Mahmud Abbas ha tardado en reaccionar, pero al final se ha expresado con contundencia: “Es un genocidio, matar a familias enteras es un genocidio perpetrado por Israel contra nuestro pueblo”.
Netanyahu, un político sin escrúpulos y salpicado por la sombra de la corrupción, había mantenido recientemente un pulso con su ministro de Relaciones Exteriores, el ultra Avigdor Lieberman, otro político enredado en tramas de corrupción que se ha mostrado partidario de bombardear con armas nucleares Teherán, la presa de Aswan y Beirut. Lieberman reivindica que los árabes asentados en Israel pierdan su derecho de ciudadanía y considera que el problema palestino se resolvería bombardeando los centros comerciales, bancos y gasolineras de Cisjordania y Gaza: “No dejar piedra sobre piedra… destruir todo”. Lieberman es el líder del partido Israel Beitenu (Nuestra Casa Israel) que gobierna con el Likud y nunca ha ocultado su descontento con la política excesivamente indulgente de Netanyahu, incapaz de tratar a los palestinos con la necesaria mano dura. Netanyahu, maestro de la intriga política, intenta asegurar su mayoría en la Knéset con una demostración de fuerza, sin importarle que las bombas no discriminen entre civiles y combatientes. El asesinato de Gilad Shaar, Neftalí Fraenkel y Eyal Yifrah (los tres jóvenes israelíes con edades comprendidas entre los 16 y los 19 años que aparecieron tiroteados después de ser secuestrados mientras realizaban autostop en la Cisjordania ocupada), se ha convertido en una baza política de primer orden.
Netanyahu no ha querido perder la oportunidad de mostrar a la sociedad israelí su determinación a la hora de adoptar cruentas represalias. Además, necesitaba neutralizar la reconciliación de Hamás con Al Fatah, que el pasado junio cumplieron la promesa de componer un gobierno de unidad, después de reconciliarse meses atrás, superando la disputas que entre 2006 y 2007 desembocaron en un enfrentamiento armado, con un coste de 600 vidas. La OLP aceptó la integración de Hamás en la coalición y se acordó convocar elecciones legislativas conjuntas en la Franja de Gaza y Cisjordania. Los 17 ministros del Gobierno de acuerdo nacional juraron sus cargos en la Mukata de Ramala, con la presencia de Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y líder de Al Fatah. Abbas, también conocido por su apodo Abu Mazen, manifestó: “Es el fin de la escisión del pueblo palestino que ha hecho un daño catastrófico a nuestros objetivos”. Al mismo tiempo, anunció que se celebrarían elecciones a principios de 2015 y que se respetarían los acuerdos firmados con Israel. Ismail Haniyah, líder de Hamás, celebró la “histórica unidad palestina”, pero se negó a cambiar su política: “Nunca reconoceremos a Israel. El nuevo Gobierno de reconciliación no provocará la renuncia a la lucha armada”.
Se ha dicho que Hamás pactó porque había perdido el apoyo de Egipto, después del golpe militar que acabó con el gobierno islamista de Mohamed Morsi, ingeniero y líder del Partido Libertad y Justicia fundado por los Hermanos Musulmanes. Morsi fue el primer presidente elegido democráticamente en la historia de Egipto, pero el 3 de julio de 2013 el general Abdelfatah Al-Sisi, comandante en jefe del Ejército desde la Revolución de 2011 y Ministro de Defensa, le derrocó e inició una escalada represiva que incluyó varias masacres (casi 600 manifestantes abatidos por las fuerzas antidisturbios) y macro-juicios que hasta ahora se han saldado con dos sentencias históricas. El mismo juez ha dictado 529 sentencias de muerte en un proceso y 683 en otro, incumpliendo todas las garantías legales. En Oriente Medio, ningún tribunal había actuado con tanta dureza. Morsi se encuentra en Borg El Arab, una prisión de alta seguridad en mitad del desierto, acumulando cargos por su actitud desafiante contra la justicia y el gobierno militar.
Después del encarcelamiento de Morsi, las nuevas autoridades destruyeron la mayoría de los túneles de contrabando entre el Sinaí y Gaza, lo cual debilitó a Hamás y forzó las negociaciones con Al Fatah. Cuando se produjo la reconciliación entre las dos fuerzas palestinas, Netanyahu declaró: “Hoy, Abu Mazen ha dicho sí al terror y no a la paz. Es la continuación de su política de rechazo a la paz”.
LA NAKBA
No está de más recordar que el Estado de Israel se construyó sobre una operación de limpieza étnica apenas conocida y que se ha excluido de los libros de texto de los niños y niñas israelíes por decisión gubernamental. Para el pueblo palestino, la presunta guerra de independencia de 1948 constituyó una catástrofe, que representó la expulsión de sus hogares de algo más de 700.000 personas. Esta tragedia se denomina Nakba y constituye un crimen contra la humanidad. El 10 de marzo de 1948 un grupo de once hombres (viejos líderes sionistas y jóvenes oficiales de la Haganá o el Irgún) se reunieron a primera hora de la mañana en la desaparecida “Casa Roja” de Tel Aviv para organizar la expulsión sistemática de la población palestina de amplias áreas del futuro Estado de Israel, que se crearía el 14 de mayo de ese mismo año. Por la tarde, se enviaron las órdenes a las diferentes unidades militares, detallando los métodos que permitirían cumplir el objetivo fijado: asedio y bombardeo de las aldeas palestinas, expulsión de la población civil, incendio y demolición de las casas particulares, propiedades, bienes y comercios, colocación de minas entre los escombros para evitar el regreso de sus habitantes. Se tardó seis meses en completar la misión.
El balance es desolador: 711.000 palestinos expulsados de sus hogares, 531 aldeas destruidas, once barrios urbanos despejados de árabes, al menos 24 masacres, que incluyeron violaciones, torturas y fusilamientos en masa. Según la Cruz Roja Internacional, la masacre de Deir Yassin le costó la vida a 254 civiles, casi todos ancianos, mujeres y niños. Sucedió algo semejante en al-Damaymah, con un centenar de víctimas. Los pueblos de Eilaboun, Saliha, y Farradiya enarbolaron banderas blancas, pero las milicias judías penetraron en el interior, violando a las mujeres y fusilando a los hombres en edad militar, basándose en que cualquier niño o anciano capaz de sostener un arma podía ser un combatiente. No se trata de excesos cometidos al calor de una guerra colonial, sino órdenes directas de David Ben-Gurión, que sería Primer Ministro de Israel entre 1948 y 1954. En un informe elaborado en 1949 por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel, se valoró el problema de los refugiados palestinos en términos puramente darwinistas, que recuerdan los planteamientos de los nazis para justificar el exterminio de judíos, gitanos, eslavos y presuntos asociales: “Los más aptos y flexibles sobrevivirán de acuerdo con el proceso de selección natural. El resto simplemente morirán. Algunos persistirán, pero la mayoría se convertirán en basura humana, la escoria de la tierra y se hundirán en los niveles más bajos del mundo árabe” (Archivos del Estado de Israel, Ministerio de Asuntos Exteriores, nº 2444/19).
Años más tarde, Menájem Beguín, Primer Ministro entre 1977 y 1983, declaró: “No hubiera existido el Estado de Israel sin Deir Yassin”. No es un comentario sorprendente en los labios del antiguo líder del Irgún y el máximo responsable del atentado contra el Hotel Rey David, que causó la muerte de 91 personas -17 judíos- el 22 de julio de 1946. El objetivo era destruir los documentos incautados por los ingleses, después de invadir la Agencia Judía y, de paso, destruir el cuartel general del ejército y el gobierno civil británicos.
La Nakba solo fue la continuación de las campañas de hostigamiento de las milicias sionistas contra la población palestina durante los últimos años del mandato británico. Antes del 15 de mayo, 250.000 árabes abandonaron su lugar de residencia, huyendo de los atentados y los actos de sabotaje, que incluyeron el envenenamiento de los suministros de agua con tifus. El millón y medio de palestinos que actualmente gozan de ciudadanía israelí representan casi el 20% de la población y, dada la baja tasa de natalidad de los judíos y el alto número de nacimientos en las familias árabes, esa cifra podría subir hasta un 25% en 2025. Esa perspectiva despierta miedo y rechazo entre los judíos. Cerca del 70%, desearía su traslado forzoso a Jordania, Siria, Gaza o Cisjordania.
Conviene recordar que los judíos sufrieron varios pogromos cuando los ingleses aún gobernaban Palestina. Los disturbios de Jaffa, la matanza de Hebrón, la masacre de Safed o la masacre de Tiberíades acontecieron entre 1920 y 1939, costando la vida a más de 400 judíos, casi siempre ancianos, mujeres y niños. Amin al-Husayni, Gran Muftí de Jerusalén, instigó el odio hacia los judíos y promovió las matanzas. El Gran Muftí se entrevistó con Hitler en noviembre de 1941, pidiéndole que bombardeara Tel Aviv y exterminara a los judíos del norte de África que en ese momento se hallaban bajo la autoridad de la Francia de Vichy y la Italia fascista. Al-Husayni fue uno de los arquitectos del Holocausto, pues durante su estancia en Berlín sugirió que el genocidio se organizara de una forma sistemática y masiva. Además, aconsejó que fueran asesinados los 400.000 judíos alemanes que el Tercer Reich había previsto deportar a Palestina. Su recomendación tuvo éxito. Los judíos alemanes acabaron sus días en campos de exterminio, sin llegar a pisar Eretz Israel.
UN ESTADO BINACIONAL, LAICO Y DEMOCRÁTICO
¿Cómo resolver el actual conflicto entre judíos y palestinos? En primer lugar, quiero dejar muy claro que repudió las tesis racistas y antisemitas. La Carta Fundacional de Hamás (18 de agosto de 1998) afirma en su Preámbulo: “Israel existiría, y continuará existiendo, hasta que el Islam lo destruya, de la misma manera que destruyó a otros en el pasado”. Más adelante, leemos: “El Día del Juicio no llegará hasta que los musulmanes no luchen contra los judíos y les den muerte”. Mahmud Ahmadineyad, Presidente de la República Islámica de Irán entre 2005 y 2013, ha repetido varias veces la frase del ayatolá Jomeini: “El Estado de Israel debe ser borrado del mapa”. Después de sufrir persecuciones y matanzas durante siglos, es comprensible que el pueblo judío reivindicara el derecho a constituirse como nación en un estado libre y soberano. A estas alturas, apostar por la destrucción de Israel es una aberración moral, pues condenaría a seis millones de judíos a vivir como parias, expuestos a soportar nuevas masacres.
En segundo lugar, considero que la Shoah no puede convertirse en el pretexto para continuar con las políticas de limpieza étnica en Cisjordania y genocidio progresivo en la Franja de Gaza. Acusar de antisemitismo a los que denuncian al Estado de Israel por sus crímenes contra el pueblo palestino, constituye un acto de cinismo que solo contribuye a alimentar los prejuicios antisemitas. El victimismo del Estado de Israel solo es una obscena forma de manipulación, que no logra ocultar el carácter racista y militarista de una sociedad cada vez más intolerante y con escasa capacidad de autocrítica. Pienso que la única resolución ética y justa del conflicto ha sido formulada –entre otros- por el historiador Ilan Pappé y el activista Michel Warschawski, ambos israelíes. Israel no debería ser un Estado judío, sino un Estado binacional y laico que integrara con los mismos derechos a árabes y judíos en los territorios de la Palestina histórica.
Warschawski afirma que es necesario abandonar el dogma de “un Estado, una cultura, un pueblo” para construir un “Estado plural, donde vayan de la mano una ciudadanía compartida y el reconocimiento de identidades colectivas diversas”. En ese proceso, la minoría árabe de Israel puede desempeñar un papel esencial: “El Estado sigue siendo un Estado judío, con prácticas y estructuras discriminatorias, pero la minoría palestina ha pasado de una situación de atomización e invisibilidad a ser una minoría nacional que reivindica la igualdad ciudadana en un país que pretende ser judío pero también democrático”. El director de cine israelí Haim Bresheeth también es partidario de un Estado binacional, laico y democrático. En su opinión, Cisjordania y la Franja de Gaza son auténticos bantustanes, semejantes a los de la Sudáfrica del apartheid. Bresheeth opina que sería necesario someter a Israel a un boicot económico y cultural para acabar con esta situación.
¿UNA OPERACIÓN DE BANDERA FALSA?
Hamás niega haber asesinado a los tres jóvenes israelíes secuestrados en la Cisjordania ocupada. Algunos apuntan que se trata de una Operación de Bandera Falsa. Es una hipótesis arriesgada, pero hay muchos cabos sueltos: ¿por qué unos adolescentes hacían autostop en la zona C de Cisjordania, un escenario de guerra con grandes riesgos? ¿cómo pudo producirse un secuestro en una zona altamente militarizada con múltiples controles del Tsahal y el Shin Bet? ¿por qué se subieron los jóvenes a un coche conducido por un palestino –según la versión oficial-, cuando está prohibido que los palestinos circulen por ese lugar?, ¿no es más probable que el conductor fuera judío? Las autoridades israelíes han informado que se utilizó un Hyundai, pero si es así, ¿no tendría que circular con matrícula israelí (de color plata, blanco y verde) y en ningún caso amarilla (el color asignado a los matrículas palestinas)? No es posible averiguarlo, pues el coche fue pasto de las llamas supuestamente para eliminar pruebas e indicios. Cuando Hamás ha realizado un secuestro, siempre ha exigido el canje de presos palestinos para liberar al rehén y, en las actuales circunstancias, una acción de este tipo solo contribuye a malograr una nueva etapa basada en un gobierno conjunto con Al Fatah. Solo un arrebato de locura puede explicar una iniciativa tan absurda y perjudicial.
Díez días antes del secuestro, Tamir Pardo, jefe del Mossad, declaró al periódico israelí Haaretz: “¿Qué sucedería si –dentro de una semana- fuesen secuestrados tres jóvenes de 14 años en una de las colonias?” Esa predicción se cumplió con una exactitud inverosímil. ¿Simple casualidad? Una clarividencia tan asombrosa contrasta con las cinco horas que tardó en intervenir la policía israelí, después de recibir una presunta llamada de auxilio desde el interior del coche donde viajaban los adolescentes. En la grabación presentada por los militares, Gilald Shaar exclama a los pocos minutos de iniciar el trayecto: “Estoy secuestrado”. Las autoridades no atribuyeron credibilidad a la llamada y ni siquiera investigaron su procedencia, algo extraño cuando la ley establece severas sanciones para los mayores de doce años que realicen falsas llamadas a los servicios de seguridad. El desinterés inicial se convirtió poco después en una gigantesca movilización. Durante quince días, miles de soldados israelíes rastrearon la zona, pero los cadáveres solo habían sido semienterrados en una zona de terrazas agrícolas de la aldea de Beit Kahil, en el área de Khirbet Aranava, que se encuentra en la periferia norte de Hebrón. De inmediato, Netanyahu responsabilizó a Hamás y anunció un castigo ejemplar.
El 18 de junio el diario gratuito Israel Today publicaba: “Responsables de Naciones Unidas y de las autoridades palestinas observan que Israel podría haber montado la historia de los tres jóvenes secuestrados por Hamás. […] No hay pruebas claras de que los tres colonos israelíes hayan sido secuestrados. Mientras más tiempo pasa van apareciendo más análisis que consideran que es otra operación de bandera falsa realizada por los israelíes. Eso recuerda la divisa del Mossad: ‘Haz la guerra engañando al enemigo’. Cuando analizamos los indicios disponibles podemos comprobar que el ‘secuestro’ proporciona a Israel una oportunidad para golpear brutalmente a los jefes y los civiles palestinos”.
Algunos analistas han apuntado que “cada vez que el gobierno israelí se mete en un callejón sin salida [esta vez los desencuentros entre Netanyahu y Lieberman, la reconciliación de Hamás y Al Fatah y ciertos conflictos con la diplomacia estadounidense], sus enemigos acuden al rescate para sacarlo de dificultades” (Kevin Barrett, sitio web norteamericano Veterans Today). “Es una marca de fábrica: en cuanto Estados Unidos presiona a Israel para que abandone las colonias o detenga la construcción de nuevas colonias… estalla alguna bomba”. El diario suizo Zürcher Tagesanzeiger afirma: “…el secuestro de los tres jóvenes se produjo en el momento más propicio para Israel, según el experto en Oriente Medio Pascal de Crousaz. Y no aporta nada a Hamás”. Incluso la emisora de radio alemana Deutschlandfunk planteó una incómoda pregunta al embajador israelí: “No hay pruebas y es evidente que no existe ninguna pista clara… ¿y a pesar de eso ya se sabe que fue Hamás?”
Puede parece inverosímil que el Mossad organice un secuestro y asesine a tres jóvenes judíos o que tal vez todo se trate de un simple montaje, sin víctimas reales. En la Red Voltaire, Gerhard Wisnewski apunta: “Es posible que los servicios secretos israelíes se hayan limitado a montar un suceso mediático, o sea solamente una farsa sin víctimas. Varios testigos han considerado que la ceremonia fúnebre más parecía una simple puesta en escena dada la falta de lágrimas y que los ataúdes parecían estar vacíos” (11-06-04). Solo son teorías, pero algo marcha mal en Israel cuando Avraham Burg, ex presidente del parlamento israelí, protestó hace años contra las agresivas campañas militares de Ariel Sharon, afirmando: “Israel ha entrado en un proceso de decadencia moral. Un F-16 ataca un edificio en el que viven inocentes y los oficiales dicen que no les quita el sueño. Estamos carcomidos. Yo no puedo olvidar que en nuestro gobierno hay tres tipos de ministros. Unos quieren la guerra con Siria; otros, con el conjunto del mundo árabe, y los terceros, la guerra sin más”.
Para los gobiernos, la guerra nunca es un problema cuando hay en juego intereses políticos o económicos. En Cisjordania, las colonias judías controlan las zonas más fértiles y los recursos hídricos, mientras los palestinos sobreviven a duras penas en tierras improductivas, cercados por carreteras que les aíslan e incomunican, pues la ley prohíbe que circulen por ellas. En las aguas de la Franja de Gaza se ha descubierto petróleo y yacimientos submarinos de gas. Los pescadores palestinos soportan restricciones que les impiden alejarse más de tres o seis millas, con el pretexto de que una distancia mayor facilitaría el tráfico de armas. El aeropuerto internacional que se inauguró en Gaza en 1998 se encuentra fuera de servicio desde septiembre de 2000, cuando el ejército israelí destruyó sus pistas de aterrizaje e instalaciones como castigo a la segunda Intifada. Está claro que Israel no escatima medios para forzar la emigración de los palestinos hacia otros países o mantenerlos en una situación de impotencia semejante a la de cualquier pueblo nativo confinado en una reserva.
Si es necesario romper huevos para hacer esta tortilla, se asume el coste, como hizo Boris Yeltsin en 1999, cuando una serie de atentados contra edificios de apartamentos en las ciudades rusas de Buynaksk, Moscú y Volgodonsk causaron 307 muertos y 1.700 heridos. Se atribuyeron los atentados a la milicia islamista liderada por Ibn al-Khattab y Shamil Basáyev, pero ambos negaron toda responsabilidad en las explosiones, alegando que luchaban contra el ejército ruso y no contra mujeres y niños. Los atentados sirvieron de pretexto para iniciar la segunda guerra de Chechenia y facilitar el ascenso al poder de Vladimir Putin. De inmediato, surgieron las sospechas de que el FSB –sucesor del KGB- había organizado una operación de bandera falsa. El diputado Yuri Shchekochikhin presentó dos mociones para iniciar una investigación parlamentaria, pero la Duma rechazó la iniciativa. Una comisión pública independiente dirigida por el diputado Serguéi Kovaliov interpeló al gobierno, pero éste se negó a responder a sus preguntas. Dos miembros de la comisión –Sergei Yushenkov y Yuri Shchekochikhin- serían asesinados años más tarde, corriendo la misma suerte de Anna Politkóvskaya, asesinada el 7 de octubre de 2006 por denunciar las violaciones masivas de los derechos humanos en la guerra de Chechenia.
NO MATARÁS
Dos tercios de las víctimas de la Operación Margen Defensivo son civiles. Las bombas han alcanzado incluso a un centro para discapacitados del norte de la Franja de Gaza, matando a dos jóvenes e hiriendo de extrema gravedad a otros cinco. El goteo de víctimas inocentes continuará hasta que Israel decida que es suficiente. No se descarta una invasión terrestre, pero el Tsahal sabe que sufriría muchas bajas y una nueva ocupación solo podría mantenerse con una política represiva a gran escala. El pueblo judío necesita un hogar, pero el precio de este anhelo no puede ser la destrucción de otro pueblo.
Es imposible mirar el futuro con esperanza, pero sin esperanza no hay futuro. En este caso, solo encuentro un poco de esperanza en una frase del filósofo judío Emmanuel Lévinas: “El rostro es lo que no se puede matar o, al menos, eso cuyo sentido consiste en decir: No matarás”. Si la sociedad israelí mira al rostro de los palestinos y descubre su humanidad, tal vez se atreva a exigir a su gobierno que deje de matarlos con bombas arrojadas desde cuatro mil metros de altura.
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La contraofensiva de la derecha internacional
EMIR SADER
La nueva acción de los fondos buitres en contra de Argentina es parte de una contraofensiva más amplia de la derecha internacional contra los países progresistas de América Latina. Conducida por sus principales voces en los medios –Financial Times, Wall Street Journal, The Economist, El País– atacan sistemáticamente a esos gobiernos, que no han aceptado los dictámenes del Consenso de Washington. Y, por lo mismo, han logrado sortear la recesión capitalista internacional instalada ya hace más de seis años en el centro mismo del sistema, arrasando los derechos sociales, sin fecha para que termine.
Por eso, las naciones latinoamericanas que siguieron creciendo y distribuyendo renta, disminuyendo la desigualdad –que aumenta exponencialmente en el centro del sistema–, son un factor de perturbación, la prueba concreta de que es posible otra forma de enfrentar la crisis, que se puede distribuir renta, recuperar el rol activo del Estado, apoyarse en los países del sur del mundo y resistir la crisis.
Por eso la contraofensiva actual, que busca demostrar que ya no habría más espacio para que la economía de esas naciones siguiera creciendo, de que los avances en las políticas sociales no serían tales y que el tema de la deuda no estaría aún resuelto. Es crucial para las grandes potencias intentar convencer de que no habría alternativa al Consenso de Washington.
La formidable arquitectura de renegociación de la deuda argentina nunca fué asimilada por ellos. En caso de resultar, qué mal ejemplo para Grecia, Portugal, España, Egipto, Ucrania y tantos otros países aprisionados en las trampas del FMI. Tienen que demostrar que los dictámenes de la dictadura del capital especulativo son ineludibles.
La nueva ofensiva contra Argentina tiene que ser contestada por todos los gobiernos latino-americanos que son, en distintos niveles, igualmente víctimas del capital especulativo, que se resiste a reciclar para las inversiones productivas que necesitamos. Es hora de que los gobiernos de la región no sólo acompañen las misiones argentinas, sino también asuman la disposición de imponer impuestos a la libre circulación del capital financiero. Una medida indispensable, urgente, que sólo puede ser asumida por un conjunto de países concomitantemente.
Asimismo, Brasil puede ayudar a Argentina –como sugirió recientemente un economista brasileño –ofreciéndose como país de giro del pago. Argentina remitiría los recursos y Brasil haría el pago de los acreedores legítimos, evitando que el país sea confiscado. Una pequeña ayuda que puede permitir a esa nación pagar a los acreedores –92 por ciento del total– que han aceptado los términos de la renegociación.
Una renegociación que, por los criterios vigentes en casi todos los países, determina que cuando dos tercios o tres cuartos coinciden con los términos del rescate, los otros automáticamente tienen que aceptar esos términos. Es tiempo de que América Latina formalice ese criterio.
Muchos han sido los países que han mirado hacia América Latina para entender cómo han podido quitarse de encima sus deudas externas. Ahora ellos mismos miran hacia Argentina porque saben que se juega aquí mucho más que simplemente 8 por ciento de la deuda remanente. Se juega la soberanía de las naciones frente a quienes quieren doblegarlas con el peso de las deudas contraídas por los gobiernos serviles al FMI y a sus voceros.
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Israel comete un nuevo genocidio, España y la Unión Europea lo respaldan
FRANCISCO GONZÁLEZ TEJERA
“(…) Ante la herrumbrosa puerta del horno donde fueron incinerados padres de otros hijos, amigos de amigos desconocidos, esposas, hermanos, niños que, en el último instante, envejecieron millones de años…”
Luis Rogelio Nogueras – Halt
La vergonzosa pasividad de la Unión Europea ante el genocidio sionista sobre el pueblo palestino de Gaza, la actitud, consentimiento y complicidad de gobiernos palanganeros y putrefactos como el español, que no dicen ni hacen nada ante la masacre, ante la muerte de cientos de niños/as carbonizados/as, destrozados/as por los misiles nazis lanzados desde Israel.
“Que pronto olvidaron el vaho del infierno”, decía el inmenso poeta cubano, Luis Rogelio Nogueras, en su poema Halt, tras su visita en los años setenta al campo de concentración de Auswitch (Cracovia), precisamente en unos días en que estos criminales de lesa humanidad, volvían a bombardear los campos de refugiados palestinos.
La estela de terror de estos asesinos psicópatas ya mancha de sangre la historia de la humanidad, deshonra a la especie humana y ya pueden ser desgraciadamente comparados con los nazis.
Pasaron de víctimas atroces a verdugos de un pueblo, al que invadieron para robarle su territorio, su futuro, su esperanza, cada pedazo de tierra, sus casas, sus hogares, su universo histórico y fraterno, el mismo donde están enterrados sus antepasados.
Ahora los telediarios españoles se abren con las fiestas etílicas de los sanfermines, mostrando el manoseo machista de las tetas de cualquier turista desatada por parte de los mozos del pañuelo rojo, difundiendo el maltrato animal, a los toros acosados por una banda de borrachos compulsivos.
Esa es otra faceta curiosa de la marca España, ocultar la verdad desde sus medios de comunicación, tergiversar, manipular, mostrarnos una realidad falseada, estimulando el vacío mental ciudadano entre mundiales de futbol, prensa del corazón, tertulianos y políticos de la casta de los sobres, acusando a quienes luchan de ser bolivarianos/as o miembros de ETA.
Es normal que este holocausto sionista sobre el pueblo de Gaza no reciba la repulsa y condena del gobierno de España, cuando ni siquiera se mojan por los tres millones de niños/as que malviven en situación de hambre infantil en todo el estado.
Estos jerarcas de la miseria no son más que seres obtusos, sin sentimientos, robots especializados en saquear y ganar millones de euros, en pisotear derechos, privatizar servicios públicos, destruir nuestras vidas entre recortes, despidos, bajadas de sueldos y desahucios a palos, puñetazos, insultos, burlas y patadas de su policía política.
Veo con inmensa tristeza, contemplo horrorizado, con lagrimas en los ojos, las fotos que llegan de Gaza, pequeñines/as con el cráneo destrozado, madres y padres desencajados/as, llevándolos/as en volandas, sin piernitas, sin manitas, dejando un reguero de sangre entre las miradas desorbitadas de un pueblo destruido, testigo de una de las más brutales masacres de la historia, de un genocidio programado en los lujosos despachos de la mafia sionista de los Estados Unidos e Israel.
Si esto lo permitimos y no hacemos nada los próximos seremos nosotros/as, cuando llegue el momento en que esta caterva rastrera vea peligrar sus asquerosos privilegios.
Palestina ahora somos todos, somos todas, mujeres y hombres. Alcémonos o de lo contrario seremos cómplices de estos criminales sionistas, de unos gobiernos títeres corruptos y delincuentes, de la llamada “comunidad internacional”, que callan y permiten este nuevo genocidio.
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El miedo y la impunidad del estado terrorista
SARA ROSENBERG
Hay un dibujo de Goya en el que escribe a pie de página “El sueño de la razón engendra monstruos”. Hablaba entonces de los horrores y de los “Caprichos de la guerra”, porque dormida o muerta la razón –la tan vilipendiada y sin la que nos arde en las manos la barbarie- sólo son posibles las monstruosidades más humanas. Humanadas, no animaladas, porque ningún animal sería capaz de tales aberraciones. Claro que para estas humanadas hay causas, y hay historia y hay muchas pruebas documentadas y sufridas. La causa más evidente es la existencia de la propiedad privada y en este caso la apropiación colonial y criminal de la tierra y la vida de nuestros semejantes.
Si el sueño de la razón engendra monstruos, el socio y ayudante de ese sueño-pesadilla es el miedo y todas sus intrincadas variantes paranoicas. El estado militarizado como gendarme y productor del miedo en busca del consenso para el crimen.
Desde que existe, Israel viene cometiendo crímenes de lesa humanidad contra el pueblo palestino. Es un ejemplo clásico de colonialismo “adornado” con un derecho basado en extrañas historias teológicas y de un supuesto derecho de raza y de sangre. Israel ejercita la impune política del colonialismo: invade un territorio, coloniza, encierra, roba y aniquila a supoblación. Como los palestinos deben ser expulsados de la tierra teológicay racialmente elegida se los confina, se los priva de derechos elementales y se los bombardea cuando protestan. Invasión colonial y guerra de exterminio, en nombre de un derecho sólo justificado en la metafísica, en una atroz “razón” de carácter paranoico, como todas las que se usaron en las guerras de conquista. Lo único cierto es que el imperialismo americano-israelí necesita esa base en medio oriente para intervenir y saquear a los pueblos vecinos y controlar políticamente la zona.
Pensar las relaciones, pensar con memoria es relacionar las cosas que suceden y encontrar algunas respuestas posibles. Y la memoria histórica, activa, parece haber sido largamente borrada de la conciencia de los israelíes. El miedo es una técnica que bien implementada produce olvido y complicidad o consenso con el crimen. La muerte de tres jóvenes colonos israelíes y la falsa bandera es una justificación largamente preparada para esta nueva escalada terrorista del estado de Israel. Debajo de esta justificación el argumento se repite: es un modo constante de la técnica de guerra imperial. Recordemos a vuelo de pájaro las últimas falsas banderas: En Irak hay armas de destrucción masiva/Gadafi bombardea a su pueblo/Siria tiene armas químicas y el presidente es un dictador/en Venezuela no hay libertad… pero curiosamente en todos estos “casos” que la prensa capitalista no cesa de publicitar, hay mucho petróleo en el subsuelo.)
Crear el “caso” para justificar la guerra y usurpar territorios. Y Gaza, donde Hammas ha ganado las elecciones y gobierna de manera legítima es un objetivo prioritario para los sectores más feroces del sionismo. Son razones económicas y de poder político, claramente expresadas por Liebermann, que si bien rompe la coalición de gobierno, consigue sus objetivos a través de la creación de un “caso” más de falsa bandera. Ninguna prueba, ninguna lógica para culpar a los palestinos del secuestro y asesinato de esos tres jóvenes. Hammas lo ha negado claramente. Y algunos fantasmas mercenarios aparecen asumiendo este desgraciado hecho que desata y pretende justificar una nueva masacre del pueblo palestino.
El terror impune cumple con varios objetivos: une a la población de un estado en decadencia –Israel- a través del delirio paranoico inducido y provoca enormes daños al pueblo palestino: más de novecientos presos, muchos jóvenes y niños asesinados, bombardeos constantes, muerte y destrucción para una población que ya está confinada en ese enorme campo de concentración que es Gaza.
Sin embargo, la política del terror impune, propia del colonialismo, no usa falsas banderas para asesinar a un joven de 16 años quemado vivo por un comando israelí. Aquí no les hace falta tener pruebas de autoría: el estado sionista actúa y ha actuado siempre de manera terrorista y ha armado a esos “colonos” capaces de masacrar en nombre de la raza y el derecho de propiedad. Capaces de quemar vivo a un adolescente.
Hay una desigualdad evidente desde el comienzo, desde 1948, cuando un estado militar y perfectamente armado y financiado por las potencias del momento, invade y usurpa la tierra palestina en nombre de un derecho nacido de la muerte. Y ese derecho letal se ha transformado cada vez más en abierto terrorismo e impunidad.
El odio y la paranoia hacen que ciudadanos que deberían tener memoria se vuelvan autómatas en manos de un gobierno colonialista y criminal. La tierra regada con sangre del pueblo es y será siempre estéril, y cualquier árbol que allí se plante llorará por siempre a nuestros muertos y dará frutos amargos hasta que haya justicia. Esta es una nueva ofensiva de exterminio contra el pueblo palestino, y espero que algún día no lejano estos crímenes de lesa humanidad –que no prescriben- sean juzgados y condenados por la comunidad internacional liberada ya de los asesinos que la controlan.
Mientras tanto, Israel sigue contando con el silencio cómplice de la ONU, de la OTAN que lo avitualla y de los gobiernos de Estados Unidos y Europa y sus grandes corporaciones que siguen haciendo negocios bélicos y colonialistas a costa de la sangre derramada.
Ni olvido ni perdón. Juicio y castigo a los genocidas.
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Internacional
La soledad de Palestina
“Lo más difícil es ser víctima de las víctimas”, decía Edward Said, para expresar una de las dimensiones de los obstáculos que encuentran los palestinos para luchar contra la ocupación israelí de sus territorios.
La soledad actual de los palestinos demuestra cómo esa era apenas una de las tantas dificultades que ellos tienen que enfrentar para poder sobrevivir. El derecho elemental, aprobado hace décadas por las Naciones Unidas, de tener un Estado Palestino, al igual que existe el Estado de Israel, es bloqueado por el voto de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad y la ONU no hace nada para cambiar tal actitud.
Palestina sigue siendo dos territorios discontinuos –Cisjordania y Gaza–, el primero descuartizado por los muros, violado por asentamientos judíos y ocupado militarmente. Gaza, cercada y atacada cada tanto, impunemente. No existe como Estado y se intenta que deje de existir como territorios aislados, al hacer que sea económicamente inviable y humanamente insostenible.
Todos debieran ir a Palestina –a Cisjordania, y si lo logran, también a Gaza– para tener idea de lo que es vivir bajo ocupación de un ejército racista. Para ver lo que significan cotidianamente los muros, que separan a vecinos, a parientes, a niños que antes jugaban juntos en la calle. Cómo las señoras palestinas tienen que caminar kilómetros para poder cruzar hacia el otro lado, sometidas al arbitrio de jóvenes militares racistas de Israel, que controlan los pasos.
Para ver cómo ese mismo tipo de jóvenes sale por las noches, protegido por fuerzas militares de Israel, para destruir bienes de los palestinos, incluidos olivares, que tardan un siglo para crecer. Que tiran basura en calles de los palestinos, quienes tienen que poner redes de protección para defenderse.
Para sentir cómo los palestinos son atacados también en su orgullo, en sus espacios mínimos de vida, hay que ir a Palestina: a Cisjordania y, de ser posible, a Gaza.
Nada de todos estos sufrimientos justifica acciones violentas, aunque uno piensa, cuando está allá, ¡cómo hacen los palestinos para no reaccionar al terrorismo cotidiano que se ejerce en contra de ellos!
Incluso porque lo primero es la unidad nacional de Palestina, porque se trata de una lucha contra el invasor, hay que unir el país para expulsarlo. En segundo, dada la correlación de fuerzas internacional, hay que contar con sectores en Israel que se convenzan que no vale la pena la ocupación permanente de Palestina y las incertidumbres que ello trae para los mismos israelíes.
Hoy se puede decir que la construcción de un Estado Palestino está en punto cero. Existe el acuerdo de reunificación entre Gaza y Cisjordania, pero Israel afirma que no negocia con un gobierno nacido de ese acuerdo, porque Hamas no reconoce al Estado de Israel. Mahmoud Hamas ya dijo que el nuevo gobierno sí lo reconocerá, pero Israel usa cualquier pretexto para no avanzar en negociaciones, que sólo pueden conducir al reconocimiento del Estado palestino.
La nueva ofensiva brutal de Israel sobre la desprotegida Gaza revela, una vez más, la soledad de los palestinos. No pueden contar con nadie que detenga a Israel. Nadie que se juegue, en contra de Estados Unidos, por la existencia del Estado Palestino.
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Israel, una máquina de asesinar y torturar en masa
ÁNGEL GUERRA CABRERA
Desde el martes 8 de julio Gaza está bajo continuo ataque aéreo de Israel como parte de la operación Borde Protector. El miércoles ya las víctimas palestinas ascendían a más de 40 muertos y cerca de 300 heridos, contando niños, mujeres y ancianos.
A la campaña aérea seguirá una larga incursión por tierra y el lunático jefe del estado mayor israelí ha dicho que “activaremos toda nuestra fuerza y nos tomaremos todo el tiempo que sea necesario… para alcanzar la victoria”. El ejército ha llamado a 40 mil reservistas.
Ya son incontables las agresiones de Israel contra la Franja de Gaza y, en general contra los palestinos, en los minúsculos ripios que les van quedando de lo que fue su patria alguna vez. Para justificar la nueva ola de bombardeos los mandamases de Tel Aviv esgrimen cínicamente el lanzamiento desde Gaza de los obsoletos y defectuosos misiles de la resistencia patriótica, ninguno de los cuales ha podido penetrar el famoso “domo de hierro”, generosamente financiado por Washington, que entrega a Israel 3 mil millones de dólares anuales en ayuda.
Los palestinos están virtualmente desarmados ante Israel, sexto exportador mundial de armas con uno de los ejércitos más modernos del mundo y un considerable arsenal nuclear ilegal.
En Palestina no existen, incluso desde bastante antes de la funesta creación del Estado hebreo(1948), otros agresores que no sean los sionistas. Me baso en los brutales métodos de expulsar millones de palestinos de sus tierras a la fuerza, el arrasamiento de aldeas y el asesinato de sus habitantes, la destrucción de miles de casas y de cientos de olivares y otros medios de subsistencia, la erección del muro de la ignominia y el robo descarado del agua a sus dueños. Además, la no retirada de los territorios ocupados en 1967 y el incumplimiento de todas las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU en defensa de los derechos palestinos. La lucha armada palestina contra la ocupación extrajera es totalmente defensiva y un derecho consagrado por la ley internacional.
¿Tres jóvenes israelíes, hijos de colonos ilegales, secuestrados y asesinados? Nada justifica ese crimen, pero sí existe la posibilidad de explicarse en qué condiciones se puede producir. Y no necesariamente por extremistas palestinos, pues la turbiedad con que la autoridad ocupante ha manejado y censurado la información sobre el hecho, refuerza la sospecha de que el sionismo haya montado una operación de falsa bandera con tal de hacer inviable el alentador acuerdo de unidad entre Fatah y Hamás y la formación de un gobierno central apoyado por ambas organizaciones.
En cuanto a menores asesinados, la soldadesca israelí tiene el triste record de haber ultimado 15 jóvenes en la operación de castigo al estilo nazi montada en Cisjordania en los días posteriores al secuestro, del que, por cierto, se acusó a Hamás sin pruebas. Luego un grupo de colonos que ya confesó su crimen quemó vivo a un muchacho palestino.
Desde 2000 hasta abril de este año balas israelíes habían segado la vida de de 1520 niños palestinos. En junio de 2013 el Comité para los Derechos de los Niños de la ONU denunció que los niños palestinos son sistemáticamente heridos, torturados y usados como escudos humanos por Israel. Meses antes la Unicef había informado que cada año alrededor de 700 jóvenes palestinos entre 12 y 17 años, en su mayoría niños, son detenidos por fuerzas israelíes y sometidos a maltrato “sistemático”.
El periodista Uri Avnery, ex miembro de la organización terrorista Irgún y ex oficial de operaciones especiales del ejército israelí, hoy activista por la paz y contra la ocupación, opina que al primer ministro Netanyahu aprovechó la coyuntura para culpar a Hamás y desencadenar una operación en Cisjordania específicamente contra esta organización planeada con “mucho tiempo de antelación”. En otras palabras, Israel esperaba el pretexto para hacer volar por los aires el eufemísticamente llamado proceso de paz, esta vez echado a andar con gran fanfarria por Obama y el secretario de Estado Kerry que ahora no hacen nada por parar la masacre.
En Gaza, objetivo fundamental del ataque, viven 1.7 millones de palestinos en 360 kilómetros cuadrados, de los cuales 1.2 millones fueron expulsados de sus tierras en lo que ahora es el sur de Israel. Bloqueada, padece un 38.5 de desempleo y un 13.8 por ciento de niños en desnutrición aguda.
[Twitter: @aguerraguerra]
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