IVAN PINHEIRO
Secretario General del Partido Comunista Brasileño (PCB)
Hay una natural perplejidad sobre la pérdida de votos del Partido Comunista de Grecia (KKE) en las elecciones del 17 de junio, incluso entre los comunistas. Nadie es inmune a la manipulación de los medios de comunicación hegemónicos. Si no estamos vigilantes para percibir las manipulaciones y no nos valemos de fuentes alternativas fiables, saldremos por ahí verbalizando el discurso de nuestros enemigos. Y no hay manipulación mayor que las elecciones de la democracia burguesa.
El PCB en su última Conferencia Política Nacional, trató esta cuestión:
"Sabemos perfectamente que el sistema electoral burgués privilegia a los partidos de orden, con reglas que tienden a restringir al máximo el acceso de los partidos comprometidos con la clase trabajadora a los medios de comunicación, a la financiación de las campañas electorales y, por lo tanto, a la conquista misma de los escaños parlamentarios.
Las elecciones burguesas son controladas y manipuladas por "mediaciones ilusorias", donde ganan protagonismo cuestiones como mejor o peor "capacidad para gobernar o legislar", dejando de lado la discusión sobre los temas de fondo, como el carácter del capitalismo. Son instrumentos para mantener el status quo".
En el mismo sentido, el Secretario Internacional del KKE, Elisseos Vagenas, definió este juego en una entrevista antes de las elecciones:
"El KKE no tiene ilusiones parlamentarias, de la misma manera que no espera un aumento gradual de sus votos hasta un día en que tenga mayoría en el parlamento y forme un gobierno comunista. Si esto pudiese ocurrir vía elecciones, la clase burguesa se habría salido con la suya".
En Europa, donde la crisis sistémica del capitalismo es más aguda, se consolidó el bipartidismo en el campo del orden; el sistema induce una polarización entre dos bandos políticos, uno conservador y otro socialdemócrata. Sus diferencias, cada vez menores en contenido y más sutiles en la forma, no amenazan al sistema, ya que se limitan a la forma de gestionar el capitalismo.
Pero como el capitalismo hoy es ingestionable –a no ser a través de medidas impopulares que degradan las condiciones de vida de los pueblos–, la llamada "alternancia en el poder" se transformó prácticamente en regla en Europa. El bando político que gobierna siempre pierde unas próximas elecciones a favor de su "oposición" en el campo del orden. Es el modelo del monopartidismo bicéfalo, del que su mejor ejemplo son las elecciones estadounidenses.
En Grecia, el imperialismo y la burguesía asociada dieron una demostración de capacidad política entre las elecciones de 6 de mayo y 17 de junio, gracias a la hegemonía en los medios de comunicación, al dominio de investigaciones electorales sofisticadas y a los ilimitados recursos materiales de que disponen, haciendo de las elecciones burguesas un juego de cartas marcadas.
El inusual sistema político-electoral griego está conformado para garantizar la gobernabilidad institucional. El partido que queda en primer lugar en las elecciones legislativas tiene un "bonus" de un tercio del número de escaños al que tendría derecho en proporcionalidad matemática, y un plazo de tres días, a partir del anuncio de los resultados, para formar un gobierno de mayoría parlamentaria. En caso de que no lo consiga, este derecho es atribuido, por orden, al segundo y al tercer colocados. En el caso de que ninguno de esos tres partidos consiga formar gobierno, se convocan nuevas elecciones treinta días después. Fue lo que ocurrió en las elecciones del 6 de mayo.
Estas nuevas elecciones funcionan como una segunda vuelta, donde reina la lógica del "voto útil"; esto supone que muchos electores cambian el voto estratégico que dieron en la primera vuelta por un voto táctico en la segunda, para derrotar al que consideran el mayor enemigo. Este fenómeno, común en todos los países que tienen segunda vuelta, se llevó casi un cincuenta por ciento de los votos del KKE para SYRYZA, que aparecía como favorita en el campo progresista, después de haber superado al PASOK en la primera vuelta. Nueva Democracia, que polarizó a la derecha en todo el proceso, también fue beneficiada por el "voto útil".
En las elecciones del 6 de mayo hubo una fragmentación política tan grande que ninguno de los tres partidos más votados, cada uno con sus tres días de plazo, consiguió formar gobierno: Nueva Democracia (centro derecha), SYRYZA (Coalición Izquierda Radical) y el PASOK (Partido Socialista), respectivamente.
Y en las elecciones del 17 de junio, el imperialismo y la burguesía griega salieron victoriosos en todos sus objetivos, tácticos y estratégicos.
Nueva Democracia siguió en primer lugar, con más del 10% de los votos en relación con los vanteriores comicios, y también ganó el "bonus", consiguiendo casi el 40% de los trescientos escaños del parlamento. Con ello fijó las condiciones para nombrar al Primer Ministro y formar gobierno. Se dio el lujo de elegir la alianza, que podía ser con partidos del polo conservador o del socialdemócrata. La opción por el acuerdio con el PASOK fue útil, tanto para que el nuevo gobierno pareciera de unidad nacional, como para que aparentara un aire progresista.
SYRYZA, aupada por los medios de comunicación, también obtuvo más del 10% de votos nuevos y se mantuvo en segundo lugar, pasando a ser el polo socialdemócrata, debido a la desnaturalización del PASOK como "izquierda", ya que éste, en el mandato anterior, comandó el gobierno que implantó medidas impopulares. Y también porque vuelve ahora al gobierno, esta vez como coadyuvante.
Monitoreando y manipulando las elecciones diariamente, la burguesía consiguió seleccionar los puestos primero y segundo. En la recta final, donde la poco conocida SYRYZA llegó a amenazar a Nueva Democracia, más de fiar, se creó mediáticamente un pánico social insinuando una inminente sustitución del euro por el dracma, lo que llevó a una desenfrenada carrera a los bancos y a los supermercados, para suscitar el miedo a cualquier cambio, lo que favoreció el voto conservador.
Otra victoria de la burguesía fue la pérdida de votos del KKE a favor de SYRYZA, algo útil para tratar de aislar a su principal enemigo, la vanguardia de las luchas de masas en Grecia, el partido revolucionario que no acepta alianzas con la burguesía, que defiende la ruptura con la Unión Europea, la salida de la zona euro, el no pagar la deuda y un gobierno de los trabajadores.
Se creó en torno a SYRYZA una imagen como si fuera más combativa que el KKE. El hasta ahora desconocido líder de Syriza se convirtió en una personalidad global, llegando a ser llamado por los medios de comunicación el "Che Guevara de Grecia".
Además, los medios de comunicación responsabilizaron al KKE del hecho de que Syriza no hubiera conseguido formar un gobierno de mayoría de centro-izquierda, cuando le llegó el turno de intentarlo como segundo colocado en la primera vuelta. Resulta que, teniendo a Nueva Democracia en primer lugar y, por tanto, habiendo ganado el "bonus", incluso si en tres días SYRYZA, el PASOK y el KKE hubiesen conseguido ponerse de acuerdo políticamente, ¡el número total de escaños obtenidos por ellos no llegaban a un tercio del Parlamento!
Quién podría haber formado un gobierno de mayoría en la primera vuelta era el centro-derecha, pero eso no le convenía, pues sería estar a solas con la carga de la gestión de la crisis y podría favorecer una unidad de la izquierda en la oposición.
Varias organizaciones y personalidades progresistas del mundo, en cuestión de días, se encandilaron con el nuevo polo socialdemócrata, del que tuvieron conocimiento por los medios de comunicación hegemónicos. Slavoj Zizek, el "intérprete" de Marx de moda, así se pronunció en la convención electoral de SYRYZA, en la que fue la gran estrella, con la frase más aplaudida del evento:
"El KKE sigue vivo porque se olvida de morir".
De hecho, este deseo de que el KKE muera es no sólo del imperialismo. Tal vez uno de los principales puntos de unidad del frente de organizaciones llamado SYRYZA, que surgió en 2004 con seis miembros de Synaspismos, partido formado después de la caída de la URSS por los disidentes del KKE, y que hegemoniza la coalición, compuesta, además de los eurocomunistas, por disidentes del PASOK, por otros socialdemócratas y demócratas radicales, nacionalistas, ecologistas y ciudananistas, juntando todo ello a lo improbable: los grupos que dicen ser maoístas y trotskistas en la misma definición.
¿Será que esos nuevos simpatizantes ya habían visto antes los símbolos y la bandera de SYRYZA? ¿La vieron ondeando en las numerosas huelgas y manifestaciones de masas en Grecia, todas hegemonizadas por el KKE?
Jugando con la matemática electoral, los medios de comunicación caracterizan ahora al KKE como un partido residual. No es de extrañar. Se trata de un partido comunista peligroso para el sistema, por no prestar oídos al canto de sirena de la conciliación de clases, y por desplegar, en el seno del movimiento comunista internacional, una lucha sin cuartel contra los partidos reformistas, incluso algunos de los que aún mantienen la palabra comunista en su nombre.
La burguesía y los reformistas querían que –por miedo a perder votos– el KKE abandonase su estrategia revolucionaria, su línea política que arma a la clase obrera en la lucha de clases. Pero si el KKE participase en un gobierno socialdemócrata, en el marco de la OTAN y de la Unión Europea, para tratar de "humanizar" la crisis y "atenuar" sus efectos para los trabajadores, entonces sí estaríamos ante a una derrota política para la clase obrera y sus luchas.
Pero se autoengañan aquellos que piensan que es posible que exista un sistema intermedio entre el capitalismo y el socialismo. No existe compartimentación del poder: o es el de la burguesía o es el de los trabajadores.
Las elecciones pasan. Pero la lucha de clases continúa y se intensifica cuanto más se agrava la crisis del capitalismo, poniendo de relieve el papel del proletariado y de las organizaciones revolucionarias. Con el más que probable agravamiento de la crisis griega y la profundización de las medidas de "austeridad", la coherencia política del KKE lo acreditará cada vez más como la vanguardia de los trabajadores.
[Traducción de Teodoro Santana]
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