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Defectos de nacimiento: el legado de EEUU en Iraq

SAUL LANDAU 


Es casi divertido (como ver películas de vampiros) cuando los funcionarios norteamericanos alardean de lo maravilloso que es nuestro país, y cómo el resto del mundo debiera tomar lecciones de nosotros en relación con la democracia (no cuenten lo del voto en la Florida –Gore v. Bush), el imperio de la ley (y de los derechos humanos en la Base de Guantánamo). Si la ley tuviera sentido en EE.UU., George W. Bush y Dick Cheney serían juzgados después de que un policía los hubiera esposado y les hubiera leído las acusaciones contra ellos por haber cometido crímenes de guerra y otros delitos graves (como asesinato y tortura) contra los iraquíes y ciudadanos de otros países.

Aparecen fotos en los medios de los cadáveres de once niños afganos muertos en un bombardeo norteamericano. “¿Es esto terrorismo?”, preguntó un reportero a Jay Carney, el vocero del Departamento de Estado, el cual no pudo dar una respuesta clara. A medida que llegamos al décimo aniversario de la decisión de George Bush de invadir Iraq y destruir las inexistentes Armas de Destrucción Masiva de Saddam Hussein, también pudiéramos aprender acerca de otras consecuencias de esta guerra ilegal  por medio de un nuevo informe publicado por una ONG japonesa de derechos humanos.

Bush y sus compinches que planearon la guerra, Dick Cheney y Donald Rumsfeld (secretario de Defensa), no solo justificaron la invasión, sino hablaron de las cosas maravillosas que hicieron por Iraq, como ayudar a los iraquíes a encontrar la democracia. Pero ninguno de estos guerreristas mencionó la muerte de niños iraquíes o que causaron graves problemas de salud a los niños –gracias al perdurable impacto de armas norteamericanas (uranio empobrecido) en el medio ambiente de Iraq.

El más mortífero legado iraquí de Bush no fue la muerte de miles de soldados norteamericanos y de cientos de miles de iraquíes, ni la elección del primer ministro Alawaki, el cual tiene estrechos lazos con Irán. El legado de Bush estriba en la ubicua presencia en Iraq de sustancias de guerra que ahora provocan en los niños iraquíes que han sufrido lo que Human Rights Now (Derechos Humanos Ahora) llama “un aumento muy preocupante en la cifra de defectos congénitos”. Los investigadores en Faluya sintieron “sospecha de que la contaminación medioambiental por la guerra puede estar teniendo un significativo efecto negativo en la salud de la población, en particular en infantes y niños”.

El informe llega a la conclusión de que en Faluya, “la ciudad fieramente atacada por EE.UU. dos veces en 2004, los datos del Hospital General de Faluya muestran que aproximadamente 15% de todos los nacimientos en Faluya desde 2003 tiene algún defecto congénito”. (Human Rights Now [HRN] una ONG internacional de derechos humanos con sede en Tokio que tiene status de asesor del Concejo Económico y Social de la ONU, llevó a cabo un viaje de investigación a Faluya, Iraq, a principios de 2012 para investigar la situación del incremento en el número reportado de defectos de nacimiento en Iraq).

Traten de imaginar a una mujer embarazada en Faluya que sabe su hijo tiene 15% de probabilidad de nacer con graves defectos.

El informe pide una investigación de “las fuentes y alcance de los defectos de nacimiento [para] identificar las causas, establecer políticas eficaces de salud pública y atención médica, y brindar compensación apropiada a las víctimas”. Después de un mes estudiando el gran incremento de defectos de nacimiento, los resultados de la ONG “sugieren que la contaminación medioambiental a consecuencia de los combates durante la guerra de Iraq puede estar desempeñando un papel significativo en la tasa observada de defectos de nacimiento”.

Esto se refiere al uranio empobrecido, utilizado por militares de EE.UU. y fuerzas de la coalición en municiones perforantes. Pero sin la suficiente revelación de información relacionada con armas tóxicas usadas en el conflicto, la causa del problema aún no ha sido identificada. En otras palabras, George “Misión Cumplida” Bush y Cheney enviaron tropas norteamericanas a Iraq con armas que inducirían un enorme aumento en los defectos de nacimiento en la próxima generación de iraquíes. La semana pasada, los iraquíes eligieron por primera vez a funcionarios de todos los niveles. Pero más de 100 personas murieron en bombardeos tribales y sectarios durante el período anterior a la votación, una fuerte señal que indica que el país sufre de una integridad destruida. Gracias, W. Bush.

A fin de evitar una mayor victimización de la vida de niños inocentes, el informe de las ONG continúa: “Es urgente que se realice una investigación completa acerca de la prevalencia de defectos de nacimiento y enfermedades relacionadas con la toxicidad en Iraq, incluyendo cualquier correlación entre tales enfermedades y la chatarra o desechos de municiones dejados por el conflicto iraquí. Es esencial investigar las fuentes y alcance de los defectos de nacimiento, identificar causas, establecer políticas eficaces de salud pública y atención  médica y brindar compensación apropiada a las víctimas”. Veamos cuánto ofrece este avaro Congreso para ayudar a solucionar la emergencia de salud pública creada por la guerra instigada por EE.UU.

Además el alarmante informe de Faluya, Iraq ha sufrido enormes desastres de salud pública que comenzaron con las sanciones a principios de la década de 1990. El castigo de Iraq significó una “pérdida de capacidad de generación de electricidad [que] ha afectado a hospitales, la purificación de agua y el tratamiento de aguas negras. Iraq había obtenido grandes avances en la salud de su pueblo con una tasa de mortalidad infantil de 42 por 1 000 nacidos vivos en 1990 y 52 por 1 000 para niños menores de 5 años. La encuesta del equipo internacional de estudio de más de 9 000 hogares reveló evidencia de una desnutrición crónica generalizada”.

Los que gritan a favor de la guerra con Irán debieran estudiar los resultados de la última guerra antes de enviar más muerte y destrucción a esa región petrolera de la que dependemos, pero no podemos controlar. Mientras lloramos a los muertos de Boston, recordemos a aquellos que continúan matando en Iraq a bebés que no merecen los defectos que acompañan su nacimiento, defectos que se derivan de los residuales de las armas norteamericanas que contaminan el  medio ambiente. ¿Quién acepta la responsabilidad?


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