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Lucha de clases, pero ¿qué clase de lucha?

RUBEN VICCO 


En cómo se entienda y se aplique en el presente ésta frase, tan corta pero muy ignorada y premeditadamente negada por muchos, dependerá el futuro de la humanidad y del planeta.

La inmensa mayoría de la población mundial, se encuentra dominada hoy, mental y físicamente, por un pequeño grupo de élite, debido a que se le ha brindado a éste, todo el tiempo necesario para su organización: medios de prensa propios ; usando a serviles repetidores con mucha ambición pero con poca dignidad (lumpenproletarios del periodismo). Imposición del consumismo desmedido e innecesario. “Justicia” hecha a la medida de sus intereses.

Bandas armadas de represión urbana. Matones de exportación; dispuestos a dar su vida por una causa muy diferente a la que le inculcan con arengas muy calculadas, “libertad y patriotismo”, ocultando el objetivo verdadero que es el enriquecimiento personal de unos pocos.

Todo esto logrado en gran parte por la apatía o la indefensión aprendida de esa misma población, y por supuesto, todo financiado por la “democracia”, a la cual han convertido en una gran empresa de tamaño nunca antes visto, con filiales en casi todo el planeta y de obligada afinidad para poder configurar la “inefable” globalización, vendida como imprescindible para el bienestar de los pueblos.

Conscientes del crecimiento poblacional, del aumento de empobrecidos y de que su necesidad de espolio de recursos naturales a los pueblos, provocará descontroladas revueltas a nivel mundial, han rodeado el planeta con armamento cada vez más letal, con la intención de no dar un paso atrás en su afán de riqueza y poder.

Saben que la batalla de la razón la tienen perdida, por eso no la afrontan, optan por el ruido que producen sus cornetas; televisión, prensa escrita y hasta Hollywood con sus historias inverosímiles y ridículas, siempre del lado de los buenos y ultrajados ciudadanos pacíficos, entusiastas seguidores, como buenos cristianos, de las normas preestablecidas. Son conscientes de que se han adueñado de lo ajeno, de la tierra, del aire, del agua, del tiempo y de la felicidad de la gente. Se han autoproclamado “defensores” del planeta y de la humanidad, usando para ello a peones caros puestos a trabajar en “la democracia”, su empresa; cuyas normas, como toda empresa que se precie de tal, las fija el patrón, que para hacerla rentable, la reordena cada cierto tiempo haciendo valer su derecho divino a ser ricos; más horas de trabajo con recortes en los “fastuosos” costes del trabajador, “que siempre está intentando cobrar más de lo que se les puede pagar”.

Contratos de larga prueba, por aquello de que el trabajador siempre “conspira” con reivindicaciones de “tiempos ya pasados” y es indiferente a las crisis que le caen perpetuamente al pobre empresario altruista que crea trabajo, dedicado a tiempo completo al bienestar del dependiente y toda su familia, por lo tanto, el empleado debe ser agradecido , (y si es a dios mejor, así todo queda entre familia) y tener claro que es un “privilegiado” al tener un puesto de trabajo, porque claro, hay muchos que no tienen la “suerte” de que, aunque es poco lo que ganan , hay otros que están peor que él.

Así funcionan éstos “patriotas” de paraísos fiscales, fieles a su habitual derrotero

No es suficiente saber lo que nos gustaría que fuera, sino tener claro lo que debemos hacer para que sea.

Cometerían un grave error los pueblos, si dejaran en manos solamente de los gobernantes el destino de sus intereses de clase, cuando una fuerza de izquierda llega al poder, sería bueno tener claro de que eso es solo un simple paso; después falta todo lo demás, los trabajadores deben ser los protagonistas directos de las transformaciones, el primer cambio es involucrarse, ser capaces de exigir a sus propios elegidos, que mantengan la sustancia original. La democracia es mucho más que elegir representantes.

Hay que tener claro que resignarse a cambiar solo algo, es admitir que todo seguirá igual, entonces los sacrificios y sufrimientos anteriores se convertirían en grandes frustraciones.

La aceptación por parte de la gente, que haya muchos, muy pobres y pocos, muy ricos, como algo normal, consentir como verdad la “información” enlatada de la prensa del sistema, sin ser capaz de analizarla con cabeza propia o afirmar que éste es el único sistema capaz de brindar “libertad y derechos”, es esclavitud mental, producto de la incultura política estimulada por los gestores del “mundo libre”.

Reprochar que hay demasiados coches solo cuando no se encuentra lugar para aparcar, en vez de porque contaminan el aire o pretender cambiar algo de manera individual, únicamente cuando le afecta a sí mismo, es individualismo posesivo. Vivir indiferentes a las penurias que sufren los pueblos a los cuales se les roban las riquezas naturales, mientras se disfrutan de ellas o ponerse en la cola para recoger lo que han logrado los luchadores sociales, sin haber participado, es una actitud ventajista y cobarde.

La gente tiene muchas cosas oídas pero muy pocas razonadas, contra todo esto hay que dar la batalla día a día, pero con el objetivo claro de abatir a éste régimen planetario, sustentado en la esclavitud y la ignorancia. Los movimientos convocados ocasionalmente, sin organización consolidada y muchas veces sin convicción ideológica definida, aunque bien intencionados y hasta seductores, resultan inofensivos para un régimen que muchas veces los tolera porque conoce el efecto.

De momento el sistema dominante sigue ganando terreno, podríamos ser infinitamente más poderosos si estuviéramos unidos y con un objetivo común. La conciencia es impulsora de los cambios, pero en pocas mentes, no tiene relevancia.

Con paciencia pero sin desvíos, asimilando que es más necesario que romántico. En cualquier caso siempre dependerá de las aptitudes y actitudes de los pueblos.

Nuestro presente es el camino por donde en el futuro transitarán nuestros hijos.

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